2 de octubre de 2022

El cajón de Lady Pepa

Fotógrafa de prensa

Necesito un psicólogo… ¿Necesito un psicólogo?

¡Necesito un psicólogo…! Es una frase casi recurrente que utilizamos cada vez que tenemos algún pequeño o gran problema y no sabemos ¿o sabemos? cómo afrontar… pero nos cuesta decidir. Si tomas la decisión de ir al psicólogo de la seguridad social, que es el más barato, te das cuenta que después de escucharte por poco tiempo te suelen recetar algún medicamento antidepresivo y ¡claro! si estás mínimamente lúcido (y la cosa no es de hospital psiquiátrico) te preguntas porqué quieren drogarte, si en la mayoría de los casos cuando una persona acude a ese tipo de consulta lo hace porque necesita de su consejo o en la mayoría de los casos, de su atención .¡Vamos! que muchas personas lo que precisan es que las escuchen un ratito… Tal vez porque su problema puede tener que ver con la soledad, aunque no siempre, lógicamente.

Y es que ir al psicólogo en España no es algo que nos planteemos con frecuencia. Un porcentaje pequeñísimo de personas se lo cuestiona pero que pasen a la acción son los mínimos… Pero, es que aquí para muchos está mal visto y encima como te descuides te encierran. Ahora menos, porque los hospitales están saturados, pero, ¡cuidadín!… Que no es coña.  En nuestro país no pasa como en Argentina (que como ya os expliqué en otro post) se psicoanalizan tanto, que si no vas al psicólogo es que realmente tienes un problema y no al revés…(es que los argentinos son así… no hay que hacerles caso)

Aunque, esto no quiere decir que cada día la gente no sea más consciente del importante papel que juega un buen psiquiatra en la sociedad, pero que lo visiten otros…¿Por qué?  Pues muy sencillo y entre otras cuestiones son caros y piensas: “Mira que tener que pagar para explicar mi vida. Con estos 60 euros me compro una camisita en Zara y puede que hasta tres” . Otros, los más:  “¡Anda! que corriendo le doy yo a este 60 eurazos por hablar, ahora mismo llamo a unos amigotes y me siento en la terraza de un bar a ponerme hasta el “culo” de cervezas y les suelto el rollo, seguro que me aconsejan mejor” Y eso hacen…

Además tampoco anima la falta de profesionalidad de algunos “psicólogos” que en las ocasiones en las que hemos tirado de ellos nos han decepcionado… Y no puedo dejar de explicaros algo que me sucedió a mi en el pasado que hizo que jamás me planteara volver  a requerir los servicios de este tipo de médicos, ni nada parecido

Allá voy: “Yo tenía una pareja de la que no estaba enamorada y quería separarme de él, pero tomar la decisión era algo que me producía escalofríos, sobre todo porque esa persona si estaba enamorado de mí y yo no quería hacerle daño, pero tampoco seguir viviendo una mentira. Buscando soluciones para no tomar la decisión que sabía debía tomar y haciendo caso a diversas recomendaciones, decidí ir a un psicólogo para ver si encontraba la fórmula mágica y recobrar la paz sin tener que tomar “la decisión”.

Alguien me habló de una terapeuta llamada Margarita, tuve una primera entrevista y quedamos que iría a su consulta cada miércoles a las 16.30 h. o sea casi después de comer. En la primera visita le expliqué mi vida, en la segunda seguí explicándosela y ella seguía allí sin decir ni mu, pero… Quise entender que la que tenía que hablar era yo…

Tercera, cuarta visita … Os explico la escena que se repetía: “Yo tumbada en un diván  de espaldas a la terapeuta, (algo que no me gustó desde el primer momento porque a mi me gusta mirar a los ojos de las personas con las que me comunico) y yo, hablando y hablando… Pero ya le había explicado mi vida, toda enterita, y ella seguía sin decir nada así que me inventada cosas que no me pasaban para llenar la hora de la consulta (en realidad yo solo quería que me convenciera de qué hacía bien dejando a mi pareja porque no estaba enamorada, porque solo tenía el problema de no saber como romper la relación sin sentirme la persona mas cruel del mundo)…  Pero ella nada de nada… Yo pensaba: “Si no dice nada debe de ser porque le estoy creando un problema existencial y no sabe cómo responderme….¡Pues vaya psicóloga!”

Dejo pasar alguna sesión más antes de girar la cabeza para ver qué pasaba con esa mujer que parecía muda. Y, de golpe, alucino porque me doy cuenta que está dormida.. Decido llamarla por su nombre, para asegurarme que no estoy equivocada y que en realidad tiene los ojos cerrados porque esta concentrada en mis problemas. ¡Margarita, Margarita! Cada vez más fuerte…Y nada, Margarita estaba “roque”… De golpe lo vi. clarísimo, cuando yo empezaba la sesión ella aprovechaba para dormir la siesta… y cuando sonaba el reloj, una hora después y se despertaba, solo me cobraba y se despedía, una pasta, por cierto.

Por supuesto, decido dejar las sesiones porque obviamente no se había enterado de nada, y cuando se lo comunico me dice que todavía no estaba “curada” que ella creía  que debía continuar…. Yo le dije: “Oiga, que usted no puede saber si estoy “curada” porque  se duerme cuando yo le explico mi historia” (y…por cierto yo frustradísima porque pensaba lo poco interesante que era mi vida que a esta mujer le servía de somnífero, snif, snif ) Solo acertó a decir ¡Ah, no! Y yo: “Sí,  usted se duerme”.

Se quedó en trance, y no supo qué contestar, por supuesto no volví y evidentemente mi experiencia con los psicólogos quedó marcada para siempre ¡Ah! Me separé de mi pareja.

Aunque como yo siempre tropiezo dos veces con la misma piedra, repetí la experiencia psicológica con el hermano de una amiga… ¡Anda que tela…! Esa nueva vivencia la dejo para mejor ocasión…

Veréis… Todo esto del psicólogo me lo ha recordado una nota de prensa de un gabinete de psicología, que explica lo importante que es aburrirse durante el verano, aprender a desconectar de la rutina diaria durante el periodo vacacional… En fin, que un grupo de expertos han elaborado una lista con un montón de recomendaciones para disfrutar de los días de descanso, que seguro que son perfectas, pero… Yo me pregunto: ¿No sería mejor  dejar fluir nuestras emociones, hacer lo que de verdad sintamos en cada momento y vivir las vacaciones y la vida siendo consecuentes con nuestros sentimientos y no forzándonos a hacer, vivir, sentir lo que de verdad no deseamos, unas veces para complacer a otros, otras para dar una mejor imagen, otras por conveniencias sociales o económicas y tantas y tantas cuestiones que poco tienen que ver con nuestros auténticas necesidades…?

Yo descubrí y sigo descubriendo que soy feliz cuando mi mente y mi corazón siguen el mismo camino, y siempre hasta en las peores circunstancias en que la vida me ha puesto a prueba y me cuesta hacer coincidir a ambos, aún siendo difícil, les animo a ello. Para mi es la única manera…

 

 

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