11 de junio de 2026

El cajón de Lady Pepa

Travel, Fashion, Beauty, Culture, Lifestyle… by María José Rasero

“El perdón es la mejor medicina contra el mal”: el mensaje que conmovió a 40.000 personas en Montjuic

Y llegó a Barcelona, una tierra que fue y que muchos desean que siga siendo un lugar de acogida y no de separación; una tierra cuyos habitantes presumen del seny -el sentido común, el pragmatismo y la cultura del trabajo- y de la rauxa, su vertiente más creativa e impulsiva. Cataluña ha sido históricamente una sociedad innovadora, progresista y moderna, de la que muchos se han sentido orgullosos.

Es la tierra de personajes ilustres y de grandes genios, como Antoni Gaudí, máximo exponente del modernismo; de escritores como Ramon Llull y Mercè Rodoreda; de religiosos como San José Oriol, recordado por su humildad; de San Jorge, patrón de Cataluña, cuya festividad une cada 23 de abril el amor y la cultura a través de la tradición de regalar una rosa y un libro; y de Santa Eulalia, patrona de Barcelona y símbolo de la fe cristiana de la ciudad. También ha dado al mundo artistas universales como Salvador Dalí y Joan Miró.

Cataluña es, además, la tierra de la Virgen de Montserrat, conocida popularmente como la Moreneta, patrona de Cataluña. Según la tradición, unos niños hallaron su imagen en una cueva y, cuando se intentó trasladarla, su peso aumentó de tal manera que se interpretó como el deseo de la Virgen de permanecer en aquel lugar. Allí se levantó una ermita dedicada a Santa María, origen del actual monasterio y santuario de Montserrat.

En los últimos años, el debate sobre el futuro político de Cataluña ha contribuido a una mayor radicalización social entre quienes defienden una comunidad abierta al mundo y quienes apuestan por reforzar el nacionalismo mediante niveles más altos de autogobierno o la independencia. A pesar de ello, Barcelona continúa siendo una ciudad cosmopolita y plural.

En este contexto, la visita del Papa también ha originado diversas reacciones. Aunque el catolicismo sigue siendo la confesión con mayor arraigo histórico y cultural, una parte importante de la población se declara no practicante, atea o agnóstica. Al mismo tiempo, la inmigración ha enriquecido la ciudad con una evidente variedad religiosa y cultural.

Tras dejar atrás las intensas jornadas madrileña de su viaje apostólico, el pontífice aterrizó en la capital catalana acompañado por el cardenal Juan José Omella. Fue recibido en el aeropuerto de El Prat por las principales autoridades civiles antes de dirigirse al centro histórico de la ciudad.

El papa León XIV eligió la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia para iniciar su agenda en Barcelona. Entre sus muros góticos presidió el rezo de la Hora Media junto a miembros del Cabildo, de la curia diocesana, seminaristas, formadores y voluntarios. En su primer discurso a los fieles barceloneses, alternando el catalán y el castellano, recordó a los presentes que estaban llamados a representar a la comunidad cristiana de la ciudad y los animó a renovar su compromiso de caminar juntos tras las huellas de Cristo.

Fue al referirse a la identidad de Barcelona cuando lanzó el mensaje central de su primera jornada catalana: «Sed profetas de unidad y acogida, de concordia y de paz, incluso cuando ello exija sacrificios y renuncias personales». Invitó asimismo a derribar barreras y fortalecer los vínculos que sostienen la convivencia.

Tras la celebración, descendió a la cripta para rezar ante el sepulcro de Santa Eulalia. Concluida la visita a la catedral, se despidió con un cariñoso «Adeu-siau». Más tarde, apareció de forma inesperada en el balcón del Palacio Arzobispal para volver a saludar a la multitud, como colofón a una jornada marcada por un mensaje de unidad, diálogo y esperanza.

Dios no quiere que suframos…

Por la tarde, Su Santidad se dio un nuevo baño de multitudes. El Papa, que había descansado en el Palacio Episcopal, se desplazó hasta Montjuïc para presidir la Vigilia en el Estadio Olímpico de Barcelona. Se trató del acto más multitudinario de su viaje a Cataluña, reuniendo a unas 40.000 personas.

«Llegó, vio y venció». En un ambiente de gran expectación, donde la emoción se palpaba en cada rincón, era evidente que el público tenía muchas ganas de ver al Santo Padre.

Con la media sonrisa que le ha acompañado desde su llegada a España, consciente de la admiración y curiosidad que despierta, fue deteniéndose a su entrada en el estadio para hacerse selfies con quienes se lo solicitaban. Entre ellos había varias religiosas, a las que impartió la bendición, así como a numerosos asistentes. Continuó saludando al público desde el papamóvil mientras sonaba de fondo la canción “Alzo la mirada”, entremezclada con una ovación interminable. Como viene siendo habitual, bendijo a varios niños y protagonizó una escena especialmente conmovedora al tomar en brazos a una niña y ayudarla a colocarse el rosario.

El Santo Padre saludó en catalán y se ganó al público al instante. A continuación, tomó la palabra el cardenal Juan José Omella, actual arzobispo de Barcelona, encargado de pronunciar el discurso de bienvenida. Agradeció la estancia del Pontífice en la ciudad y le pidió que «encienda la llama» para edificar una nueva Barcelona como ciudad de Dios. Señalando a los miles de personas que abarrotaban el estadio, afirmó: «Esta es la juventud del Papa: juventud acumulada, juventud del presente y juventud del futuro. Todos somos jóvenes».

Al fondo, en el centro del estadio, una colla de castellers de Vilafranca del Penedès ofreció una exhibición levantando una impresionante torre humana, uno de los “símbolos culturales más representativos de esta bella y emprendedora tierra catalana”, como homenaje y bienvenida al Papa.

Después llegaron la oración y los testimonios de varios jóvenes que compartieron experiencias relacionadas con el vacío existencial, la depresión y la violencia de género.

Plantearon al Santo Padre sus inquietudes, sus miedos y una pregunta que muchas personas se hacen en los momentos más difíciles de la vida: cuando vivimos situaciones dramáticas, cuando pensamos que nunca volverá la luz y esperamos que Dios nos tome de la mano, entonces nos preguntamos: «¿Dónde está Dios? ¿Cómo podemos perdonar?».

Ante estas experiencias, León XIV animó a los presentes a no tener miedo porque «a veces experimentamos la noche de la fe, la fatiga de creer, el cansancio del espíritu, el sentimiento de desproporción ante la llamada del Evangelio, la amargura de nuestros fracasos y el miedo a no ser capaces». Añadió que esas noches pueden convertirse en «un espacio para renacer», porque «Dios no quiere el sufrimiento; con Dios la vida renace siempre».

«No podemos atribuir a Dios lo que es nuestra responsabilidad. No podemos imaginar que Dios, desde lo alto, responda automáticamente a nuestras necesidades o impida milagrosamente que el mal suceda», expresó el Santo Padre.

Sobre el perdón, afirmó que debemos contemplarlo «como una poderosa medicina contra el mal, que sana nuestras heridas interiores». Recordó además que perdonar forma parte de un proceso: «Es un camino largo, que requiere mucha paciencia; en el perdón se avanza en pequeños pasos».

A medida que avanzaba la tarde, el Papa invitó a los asistentes a preguntarse: «¿Cuáles son las noches que atravesamos? ¿Qué nos sugieren? ¿Qué estamos llamados a cambiar? ¿Dónde debemos renovarnos? ¿En qué dirección queremos ir? ¿Qué sociedad queremos construir?» También reflexionó sobre las nuevas pobrezas presentes en nuestra sociedad y en nuestra cultura.

En medio del ambiente festivo se sucedieron distintas intervenciones y se proyectó un vídeo sobre Gaudí, además de actuaciones musicales a cargo de Gospel Sense Fronteres, Sabor de Gràcia, Conchita, Beret, Alfred García y Álvaro Soler.

La recta final reservó una de las grandes sorpresas de la nohttps://alfredgarcia.es/he con la interpretación del Virolai, dedicado a la Virgen de Montserrat: «Rosa d’abril, Morena de la serra». Por último, la Escolanía de Montserrat, junto al reconocido cantante sabadellense Sergio Dalma, interpretó la pieza Em dónes força («Me das fuerza»).

Entre los acordes del himno oficial de la visita, el Papa León XIV descendió las escaleras para recorrer el estadio y saludar de cerca a los fieles.

El Papa León XIV demuestra en cada una de sus intervenciones que sus mensajes son universales, dirigidos tanto a católicos como a no católicos, e insiste en una idea central: «El perdón es la mejor medicina contra el mal». Fotos: J.J.Guillen/EFE – EFE/J.J. Guillén POOL /  Dicasterio per la Comunizazione / Luis Magan  / kike Rincón – Europa Press /  Vigilia-amb-el-Sant-Pare-a-l-Estadi-O

 

 

 

 

 

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