Han pasado varios días desde que España ganó el Mundial de Fútbol 2026. Argentina, su contrincante, perdió el título mundial por 1-0 ante la superioridad de la selección española.
Así que el todopoderoso Lionel Messi no ganó… y rompió a llorar, supongo que, de impotencia, al comprobar cómo durante el encuentro su nombre apenas sonó; al ver que no pudo materializar ninguna jugada que terminara en gol, a pesar de su excelente trayectoria a lo largo de los diferentes partidos que le catapultaron hasta la final y le colocaron como el segundo máximo goleador del torneo.
Hay que repetirlo, aunque hayan pasado ya unos días: los jugadores argentinos apenas pisaron el área española, así que nuestro portero tuvo poco trabajo, algo que no se esperaba de la potente y, a veces, (o siempre) egocéntrica selección argentina. España luchó, creó infinidad de ocasiones de gol y dio mucho trabajo al gigantesco guardameta argentino… Pero ¿dónde estaba Messi?
Días antes, su eterno contrincante, Cristiano Ronaldo, también fue eliminado como cabeza visible de la selección portuguesa. Él también derramó amargas lágrimas de impotencia. Vimos a un Cristiano destrozado, un jugador que habría dado cualquier cosa por salvar a su equipo y que lloró de rabia porque su nivel de exigencia personal está siempre al límite. Fueron 90 minutos de octavos de final en los que CR7 tampoco marcó y perdió igualmente ante España por 1-0.

España fue un hueso duro de roer para ambas selecciones y para ambos capitanes.
Dicen que todo se explica por la edad: Messi, 39 años; Cristiano, 41. Pero, personalmente, creo que hay que simplificar menos las justificaciones. Ambos están en excelente forma, aunque, como es lógico, un equipo no lo hace una sola persona y en esta vida no siempre se gana; de hecho, muchas más veces, desgraciadamente, se pierde.
Con Messi, como casi siempre, los locutores que transmitieron el partido fueron especialmente benévolos y repetían en bucle que Lionel Messi sigue siendo el mejor jugador del mundo… Había que justificar, como fuera, una derrota durísima. Con Cristiano, sin embargo, no tuvieron piedad: insistieron en que ya no es el mismo, que los años no perdonan, etc.
En la última rueda de prensa antes del partido que Portugal perdió contra España, Cristiano, consciente de la situación que ha vivido durante toda su carrera, se adelantó a las críticas: «Va a ser mi último Mundial… Ojalá que no sea mañana mi último partido, así ustedes me pueden matar un poco más».
Ronaldo es plenamente consciente de las antipatías que ha despertado siempre y que, en parte, él mismo alimentó al defenderse. Preguntado por las críticas y los silbidos que recibía, respondió: «Me silban porque soy guapo, rico y un gran jugador. Me tienen envidia. No hay otra explicación». A partir de ahí le tacharon de chulo y prepotente, y muchos nunca se lo perdonaron. Aquella frase marcó un antes y un después en su imagen y en su carrera.

Messi, sin embargo, siempre ha sido políticamente correcto, callado, introvertido; de esas personas que no se mojan ni debajo del agua. En muchas ocasiones se le ha comparado con los búhos, que observan en silencio sin parpadear y, sin embargo, analizan todo lo que ocurre a su alrededor. Ronaldo es todo lo contrario: habla, opina y se expone.
Y, curiosamente, ambos jugadores tienen muchas cosas en común. Los dos están en el ocaso de sus carreras -porque, para el mundo del fútbol, con 39 y 41años ya son «viejos»- y ambos proceden de familias humildes.
Lionel Andrés Messi nació en Argentina y desde muy pequeño destacó con el balón. Sin embargo, le diagnosticaron un problema de la hormona del crecimiento y necesitaba un tratamiento carísimo que ni su familia ni los clubes de su localidad podían costear. Entonces apareció el FC Barcelona, que se comprometió a financiar ese tratamiento médico. Con tan solo 13 años ingresó en La Masia. Allí recibió atención médica, formación deportiva y educación. A cambio, el club catalán pudo disfrutar de su inmenso talento.
Su trayectoria ha estado ligada al Fútbol Club Barcelona que, además de proporcionarle una fama incuestionable, se convirtió en su zona de confort. El tiempo fue pasando y cada fichaje parecía estar pensado para el lucimiento de la estrella argentina.

Debutó en 2004 y permaneció en el club hasta 2021. Fueron años de éxitos que alternó con la selección argentina. Cuando todos esperaban que su carrera terminara donde había comenzado, después de 21 años y por diferencias económicas con el club catalán, inició una aventura en el Paris Saint-Germain (2021-2023), aunque «no fue su mejor paso por un club», según la prensa francesa. En ese equipo, lleno de estrellas individuales, nadie parecía dispuesto a hacerlo brillar. Permaneció dos temporadas y, aun consiguiendo éxitos colectivos, no ofreció el rendimiento que muchos esperaban de él. París no le trajo suerte: ese no era su equipo ni su lugar.
En 2023 se incorporó al Inter Miami C. F., en Estados Unidos, un club propiedad de un grupo de empresarios entre los que se encuentra el exfutbolista británico David Beckham. Con este equipo conquistó dos Leagues Cup, aunque el nivel de la competición suele compararse con el de una segunda división europea. Así que sigue moviéndose en una zona de confort, porque para él marcar goles en la Major League Soccer (MLS), una competición con un nivel muy inferior al de las grandes ligas europeas, es prácticamente coser y cantar.

Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro creció en un barrio muy humilde de la isla de Madeira. Comenzó a jugar al fútbol a los ocho años en el pequeño club Andorinha. Destacó tan rápidamente que fichó por el C. D. Nacional y, con solo doce años, se trasladó a Lisboa, dejando atrás a su familia, para ingresar en la prestigiosa academia del Sporting de Portugal. Tuvo que superar numerosos obstáculos, pero uno de los más graves llegó cuando, a los quince años, le diagnosticaron un problema de corazón que pudo haber puesto fin a su carrera. Sin embargo, se sometió a una operación que le permitió seguir jugando.
Sus brillantes actuaciones en el Sporting C. P. (2002-2003) le llevaron, en 2003, al Manchester United (2003-2009). Después fichó por el Real Madrid (2009-2018), donde permaneció nueve temporadas. Más tarde recaló en la Juventus de Turín (2018-2021), antes de regresar al Manchester United (2021-2022) durante un breve periodo.
Actualmente forma parte de la plantilla del Al-Nassr Football Club, un equipo de la Liga Profesional Saudí. Y, aun así, se le sigue exigiendo mucho más que al “mimado” Messi.

Ambos han conquistado infinidad de premios: Cristiano, cinco Balones de Oro. Messi acumula ocho, aunque varios de ellos han sido ampliamente cuestionados.
Y todos me diréis: «Sí, pero tiene más Balones de Oro que Ronaldo…». Bueno, no siempre ganan los mejores. En todos los premios existen otros factores que influyen. El Balón de Oro se concede mediante la votación de un jurado internacional formado por un centenar de periodistas especializados, aunque la última palabra la tienen los responsables de la revista France Football, que por algo llevan setenta años otorgándolo y, curiosamente, parece que casi siempre se decantan por Messi. Y, si no, que se lo pregunten a los tres jugadores que en 2023 acumulaban méritos suficientes para hacerse con el preciado galardón, que finalmente terminó en manos del argentino.
Curiosamente, Cristiano es el jugador que más veces ha sido nominado al Balón de Oro: nada menos que dieciocho, frente a las dieciséis de Messi. Sin embargo, no siempre ha ganado. Messi sí, incluso cuando, para muchos, no le correspondía.
Cristiano Ronaldo tampoco ha conseguido el prestigioso Premio Laureus al Mejor Deportista Mundial del Año, a pesar de ostentar el récord de nominaciones en esa categoría -cinco- sin haber logrado nunca el galardón.
Se ha vuelto a dar este año. Durante el Mundial de 2026, millones de usuarios de las plataformas digitales han clamado contra un supuesto favoritismo y han acusado a la FIFA de beneficiar a la selección argentina y a Messi en particular. Ronaldo interactuó con uno de esos mensajes dándole un «me gusta». Quizá esté cansado del trato recibido en favor de Messi y, a estas alturas, le importe un bledo quedar bien o mal.
En esta edición del Mundial de 2026, Messi vuelve a sonar como favorito para conquistar otro Balón de Oro.
La figura de Cristiano despierta una enorme simpatía entre el público en general, aunque no tanto entre algunos miembros de su propio gremio. Su capacidad para sobresalir en distintos clubes, su impresionante historial de goles y títulos, su espectacular estado físico -fruto de una constancia digna de admiración- y una vida personal casi tan interesante como la profesional han despertado muchas envidias. Y no digamos su vida sentimental: durante cinco años fue pareja de Irina Shayk, una de las mujeres más hermosas del mundo, y actualmente comparte su vida con la también bellísimo Georgina Rodríguez, una mujer que le apoya incondicionalmente y que ha sabido aportarle estabilidad familiar junto a sus cinco hijos.
Esa manera de actuar, con el corazón por delante, le convierte en un ídolo de masas y en la persona más seguida en las redes sociales, donde supera los 900 millones de seguidores sumando todas las plataformas (solo en Instagram tiene 677 millones).
Lionel Messi suma en total unos 663 millones. ¿Por qué será?
Quizás porque «la Pulga» -apodo que le pusieron en su niñez-, aun siendo un indiscutible y excelente jugador, nos deja una duda: no sabemos qué habría pasado si hubiera abandonado su zona de confort y hubiera fichado por otros grandes clubes. Al fin y al cabo, todos rendimos mejor cuando estamos rodeados de un entorno que cree en nosotros, nos apoya y nos demuestra su admiración, y no cuando tenemos que desenvolvernos en un ambiente más hostil, compitiendo con grandes profesionales que no están dispuestos a ponernos la alfombra.
Por eso nunca sabremos si habría conseguido tantos Balones de Oro de haberse arriesgado a competir en diferentes equipos, como hizo Cristiano Ronaldo. Cuando tuvo la oportunidad de demostrarlo en el PSG, muchos consideran que no estuvo a la altura de las expectativas.
Su vida personal también ha seguido una línea estable: está casado con Antonela Roccuzzo su novia de la infancia y es padre de tres hijos.
Para sus seguidores y para muchos profesionales, sigue siendo el mejor jugador del mundo por su inteligencia sobre el terreno de juego, su visión, su humildad, su compañerismo y muchas otras cualidades.
Para los millones de seguidores de Cristiano Ronaldo, él también es, con diferencia, el mejor jugador del mundo. Ha batido récords y despierta auténticas pasiones por su férrea disciplina, su cercanía, su constancia, su seguridad en sí mismo y por una historia de superación personal que inspira a millones de personas desde su infancia.

Ambos futbolistas dividen al público; incluso se han realizado estudios sociológicos sobre el fenómeno que representan.
Pero, de momento, si nos atenemos al número de Balones de Oro de ambos y a la opinión de algunos «pelotas», Messi seguirá ostentando el título de «el mejor», mientras que Cristiano continuará siendo, para sus detractores, «el segundón», injustamente, por supuesto. Su supuesto carácter arrogante le ha pasado factura y, probablemente, le ha privado de conquistar algunos prestigiosos galardones, no por falta de méritos deportivos, sino por las antipatías que despierta.
El jugador portugués siempre ha respondido a los ataques recibidos por parte de un sector de la prensa, denunciando acusaciones malintencionadas y noticias falsas. Son críticas recurrentes que Messi no ha tenido que soportar, ya que su carácter reservado le impide entrar en cualquier tipo de polémica. Y es que, si no hablas, la gente no sabe cómo piensas, lo que hace que tampoco tenga elementos de juicio para opinar sobre ti. ¿Es eso bueno? En la mayoría de los casos, es una forma de actuar que genera menos enemigos y que, probablemente, facilita un mayor reconocimiento.
En todas las profesiones se producen situaciones injustas. No hay nada peor que despertar envidias de cualquier tipo y, como dijo CR7, no se puede ser guapo, buen profesional, rico, carismático, empático y, además, caer bien a todo el mundo, porque la seguridad en uno mismo molesta a los mediocres.
Lionel Messi recogerá el próximo octubre el Premio Princesa de Asturias de los Deportes. En esta ocasión, y dada la afición del jurado por elegir perfiles que generan debate, podrían haber optado por premiar también a Cristiano Ronaldo o por compartir el galardón entre ambos jugadores.

Cristiano Ronaldo es un ejemplo para muchos jóvenes. Su esfuerzo, su liderazgo y su capacidad de superación también le hacen merecedor de este reconocimiento. ¿Qué hay que tener en esta vida para que se reconozca el mérito y se aplique realmente la igualdad de oportunidades?
No lo sé. Lo que sí sé es que es más valiente quien habla y se muestra, quien lucha y quien se defiende de las injusticias a las que otros seres humanos intentan someterle. Si para que te quieran, te reconozcan o te premien tienes que dejarte humillar, doblegarte a la voluntad de los mediocres, permitir que te pisoteen o te falten al respeto, entonces ese reconocimiento no merece la pena. Pero, como entre falsos anda el juego, que se queden con sus premios. La gente, en general, sabe detectar dónde manda el corazón, y eso es lo que, al final, verdaderamente valora.
Quizás solo haya que tener paciencia, porque la justicia siempre acaba prevaleciendo. Aunque, como dijo Francisco de Quevedo: «Donde hay poca justicia, es un peligro tener razón»
Y, además, hay personas que nacen con estrella. Como dice el refrán: «Unos tienen la fama y otros cardan la lana».
Es ley de vida, pero el tiempo pone a cada uno en su lugar. Los premios pueden discutirse; la trayectoria, no. Fotos. MJR y redes sociales CR7
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