El Papa ya está en España. Hacía quince años que ningún pontífice visitaba nuestro país desde la llegada de Benedicto XVI, y esa imagen me ha devuelto de golpe a una tarde de mi infancia.
Estaba en la escuela, en pleno recreo, cuando alguien anunció que acababa de morir el Papa. No recuerdo cuál era. En mi casa apenas se hablaba de religión; mi familia era más bien atea y yo ni siquiera sabía qué significaba aquella figura. Pregunté a una compañera y, con la seguridad con la que hablan los adolescentes, me respondió que el mundo podía acabarse en cualquier momento.
Era una tarde gris y lluviosa. Miré al cielo buscando alguna estrella. No había ninguna; era de día y era imposible encontrarla, pero yo no lo razonaba así. Sentí un miedo inmenso. Pensé que nunca volvería a ver a mi madre y pasé el resto del recreo angustiada hasta que regresamos a clase. Entonces la profesora nos explicó que, efectivamente, el Papa había fallecido, pero que pronto Dios elegiría a otro y que no tenía nada que temer. Respiré.

Muchos años después, cuando Benedicto XVI visitó España y me tocó cubrir aquella información para el medio en el que trabajaba, no podía evitar sonreír al recordar aquella tarde en la que llegué a creer que la muerte de un Papa significaba el fin del mundo.
Por entonces yo atravesaba una etapa muy vinculada a la meditación budista, así que veía al Pontífice simplemente como el protagonista de una visita institucional que me generaba mucho trabajo y poco más. Pero el tiempo cambia a las personas y también la manera de mirar las cosas.
Y así llegamos a la primera visita apostólica a España de Su Santidad León XIV, sucesor de Pedro, bajo un lema tan sencillo como profundo: «Alzad la mirada»
Su Santidad ya se encuentra en España en una visita apostólica que se desarrollará del 6 al 12 de junio. A su llegada fue recibido por Sus Majestades los Reyes a pie de escalerilla y, tras los saludos de cortesía, se dirigieron a la Sala de Estado, donde les esperaban el presidente del Gobierno, diversas autoridades españolas y representantes de la jerarquía eclesiástica.
Posteriormente se trasladaron al Palacio Real para pasar revista al Batallón de Honores de la Guardia Real y escuchar los himnos del Estado de la Ciudad del Vaticano y de España, acompañados por una salva de honor.
Finalizado el acto militar, fueron recibidos por Sus Altezas Reales, la Princesa de Asturias y la Infanta doña Sofía. Ya en el Salón del Trono saludaron a las principales autoridades del Estado antes de acceder al Salón de las Columnas, donde Su Majestad el Rey y Su Santidad León XIV pronunciaron sus respectivos discursos.
«La Reina y yo os damos la bienvenida con humildad y alegría. Os la damos en nombre de nuestra familia, del Gobierno, de las demás instituciones del Estado y de todo el pueblo español. La fe católica está enraizada en nuestro país y, sin ella, nuestra historia y nuestra cultura no se entenderían», afirmó Felipe VI
El Santo Padre agradeció la invitación a realizar este viaje apostólico y definió España como un país que «desde hace casi dos milenios ha acogido la Palabra del Evangelio», destacando la riqueza y diversidad de su historia.
Tras los actos institucionales comenzó la parte más cercana de la jornada. El Papa se desplazó al CEDIA 24 Horas de Cáritas Diocesana, en el barrio madrileño de Lucero, donde compartió un encuentro con doscientas personas sin hogar.
Allí se vivieron algunos de los momentos más emotivos del día. Testimonios de personas que sufren, pero que también tienen esperanza, precedieron a la interpretación de «Incomparable» con la que Niña Pastori quiso rendir homenaje al Pontífice como hizo con Juan Pablo II en 2003.
«Os doy las gracias de corazón por haber compartido experiencias dolorosas, pero sobre todo llenas de luz, que reflejan, como espejos, la caridad de Dios», expresó León XIV, quien invitó a mirar a quienes sufren a los ojos y convertir la ayuda en un auténtico encuentro entre hermanos.
Insistió además en que «la caridad no admite demoras» y pidió «no sustituir el Evangelio por una mentalidad mundana».
Antes de abandonar el centro quiso agradecer la acogida recibida en las calles de Madrid.
«Estoy entre vosotros como un madrileño más. Gracias, Madrid, por esta bienvenida que me hace sentir parte de una gran y maravillosa familia».
La jornada concluyó con una multitudinaria vigilia de oración en la plaza de Lima, precedida por el primer recorrido del Papa en papamóvil por el Paseo de la Castellana, donde miles de personas le recibieron entre aplausos y cánticos de «¡Viva el Papa!».
La celebración incluyó la proclamación del Evangelio de la multiplicación de los panes y los peces, la adoración eucarística y un sobrecogedor silencio que envolvió Madrid antes de dar paso a varios himnos eucarísticos.
En un ambiente relajado y cercano, el Santo Padre respondió a las preguntas de varios jóvenes, dejando algunos de los mensajes que marcaron este primer día de visita: «Sed humanos. Hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables.» «Cambiad la historia con amor y honestidad.» «Es en el silencio donde Dios puede hablarnos.» «La inteligencia artificial no nos puede dar un abrazo.» «Comportaos con los demás como os gustaría que se comportaran con vosotros.» «La fe da libertad.» «Nadie está solo creyendo en Jesús.»
Y, finalmente, resumió el sentido de toda su visita con una frase que da nombre a este viaje apostólico: «Alzad la mirada para no quedar encerrados en lo inmediato ni en la desesperanza».
Tras impartir la bendición apostólica, el Pontífice se retiró a la Nunciatura, donde permanecerá alojado durante su estancia en Madrid.

Mientras escuchaba esas palabras no pude evitar acordarme de aquella niña que, una tarde gris de colegio, buscaba estrellas en un cielo imposible y creía que el fin del mundo había llegado porque había muerto un Papa. La vida y el tiempo enseñan a mirar de otra manera. Quizá por eso el lema elegido para esta visita apostólica resume también, sin saberlo, un pequeño aprendizaje personal: levantar la vista salir del miedo y descubrir que siempre hay un horizonte más allá de las nubes.
Porque, al fin y al cabo, de eso trata también la esperanza: de seguir alzando la mirada. Fotos: J.J.Guillen/EFE – EFE/J.J. Guillén POOL
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