El rey Felipe VI, la reina Letizia, la princesa Leonor, la infanta Sofía y la reina emérita doña Sofía han recibido en los jardines del Palacio de Marivent, su residencia estival en Mallorca, a gran parte de la sociedad balear.
Una recepción real que forma parte del calendario estival y de la agenda de los Reyes, a la que han asistido unas 600 personas, entre las que se encontraban representantes de los poderes del Estado, organizaciones empresariales, sindicales y culturales, confesiones religiosas y profesionales de diferentes ámbitos.
Como es habitual, los Reyes saludaron individualmente a cada invitado en el tradicional besamanos.

Los asistentes suelen destacar el ambiente relajado y la cercanía de la Familia Real. También la complicidad entre el Rey y la princesa Leonor, el cariño entre la reina Letizia y su «niña» pequeña, la infanta Sofía, y el afecto que tanto la Princesa como la Infanta muestran hacia su abuela, la reina emérita doña Sofía.
Así que, un año más, la Familia Real se ha mostrado ante un selecto grupo de representantes del «pueblo». Y, después del besamanos, durante la cena -servida por destacados chefs de las Islas Baleares con estrella Michelin-, se mezclaron con los invitados.
Leía el otro día que el Rey, la princesa Leonor y la infanta Sofía -aunque esta última es más retraída- se relacionaban con todo el mundo. Sin embargo, la reina Letizia prefería conversar con las personas que ya conocía y con las que tenía confianza.
¿A alguien le extraña?
Imaginaos que sois la periodista Letizia Ortiz, una profesión que lleva en los genes -su abuela Menchu ya era una gran periodista- y que, aunque hoy sea reina, siempre conservará esa mirada periodística. Tenéis delante de vosotros a 600 personas de distintos credos, ideologías políticas, intereses y vanidades observándoos.
Y, lógicamente, sabéis que a muchos no les caéis bien; que algunos se acercarán para haceros la pelota; otros buscarán el consabido selfi que luego enseñarán a sus amigos o colocarán sobre la mesa de su despacho para presumir de su relación con la Casa Real. También estarán los políticos que habitualmente la critican con dureza y que, sin embargo, ese día todo son sonrisas, aunque, si pudieran, abolirían la Monarquía.
¿Y qué me decís de quienes la observan con una envidia difícil de disimular, escondida tras una falsa sonrisa? Saben que su inteligencia está por encima de muchos prejuicios y que, si mantienen una conversación con ella, quedará patente. Otras envidian su belleza, que para restarle mérito atribuyen únicamente -¡error!- a los retoques estéticos. Y, por supuesto, siempre aparece el comentario de que «está demasiado delgada». Curiosamente, quienes lo dicen suelen tener culos del tamaño de la cubierta de un portaaviones.
En fin… siempre hay peros y, a continuación, calificativos casi siempre destructivos.
No importa su comportamiento intachable ni el elevado nivel de exigencia que mantiene consigo misma y que hace extensible a su familia. Es una mujer perfeccionista y culta. Aun así, siempre tendrá detractores dispuestos a sembrar dudas sobre ella, tanto en el plano personal como en el profesional.
Su matrimonio tampoco se salva. Siempre la están separando del Rey. Y, por supuesto, nunca faltan los lenguaraces que aseguran que se lleva fatal con su suegra, la “pobre” reina Sofía.
¿De verdad creéis que la reina emérita no ha podido cometer alguna metedura de pata con su nuera en alguna ocasión? ¿Qué suegra no lo hace? Y más cuando tu hijo apuesta por la nieta de un taxista, periodista de profesión, para más inri.
Creo que doña Letizia, con su manera de trabajar, siempre dentro de las posibilidades que le permite su cargo, se ha ganado de sobra el respeto de muchos españoles. Conviene recordar que los Reyes no siempre pueden hacer lo que desean, ya que vivimos en una
monarquía parlamentaria. Según la Constitución española, el monarca es el jefe del Estado: reina, pero no gobierna. Sus actos oficiales requieren la aprobación del Gobierno.
Así que Letizia, cuando echa un vistazo al personal que tiene delante, elige acercarse a quienes le inspiran confianza. Porque todos buscamos personas que no mientan sobre nosotros; personas honradas, con las que podamos relajarnos y conversar sin miedo a que tergiversen nuestras palabras o se inventen nuestras opiniones. Personas ante las que podamos mostrarnos tal y como somos, sin máscaras ni artificios.
Pero ese tipo de personas escasean en cualquier sociedad. Por eso, muchas veces, la distancia es el mejor remedio. Quienes realmente valen la pena y desean conocernos de verdad ya encontrarán la manera de acercarse. A veces solo hace falta una pregunta tan sencilla como: «¿Qué pasa con tu vida?
Voy a evitar comentar los looks que la Familia Real llevó en la recepción. Estoy segura que a la reina, aún siendo “coqueta”, le debe de parecer lamentable que cuando asiste a uno de sus compromisos institucionales se centre la información en sus estilismos. Fotos: Casa Real
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