Acabo de ver en la tele, por enésima vez, Oficial y caballero.
Es que no me canso… Esa escena en la que Richard Gere aparece en la fábrica, la coge en brazos y se la lleva me tiene robado el corazón…
Y fíjate que en ese año que han vivido en España lo he visto en varias ocasiones y eso de ver a una estrella de Hollywood prodigarse tanto le ha hecho perder parte del glamour… Ya no le idealizas, ves que es real y que tiene defectos…
Es que a los ídolos no hay que verlos de cerca, y menos cuando suman unos cuantos añitos.
Aunque en su caso, con ese pelo blanco…
Elegante.
Sí, pero mucho rollo budista.
Yo creo que lo de Alejandra no termina bien, aunque sus karmas se hayan reconocido.
Es que yo de karmas y de budismo, ya sabes que entiendo un rato…
Ya, ya, tú y tus meditaciones.
La verdad es que sí. Y Richard me recuerda una historia muy romántica con un amigo meditador.

No te la he explicado.
Bueno… para no ser indiscreta, te explicaré una historia parecida que vivió una amiga.
Le conoció en la India, casi a punto de coger el vuelo para España. Se intercambiaron una nota rápida y quedaron en verse.
Un tiempo después se encontraron. El hombre estaba estupendo. Era un artista plástico, así que la cita fue en Madrid.
La habitación estaba llena de notas románticas y, según explica ella, se quedó impactada. Y más cuando abrió el armario para colgar su ropa y se encontró casi toda la colección de otoño de Versace.
Ella pensó que era como un milagro del Maestro… Se habían conocido meditando… Es fácil.
Yo también lo habría pensado, porque lo mío con los milagros viene de antiguo y hay situaciones que es fácil atribuirle a la divinidad, y más cuando eres confiada.
Bueno, pues nada, que, según parece, todo fue bien las primeras horas.
Porque poco después de… se acuerda de que no había meditado y le dice:
—Oye, que hoy no he meditado…

Y ella le contesta:
—Yo sí, vengo meditada de casa.
—¡Ah! ¿Y entonces qué? Si te parece… ¿meditamos?
Y después de… cierra compuertas para meditar.
En la entrada de la habitación había un pequeño recibidor. Ella, para no llevar la contraria, se queda allí, cierra la puerta que daba al resto de la habitación y se hizo el silencio. Se le presupone meditando… o durmiendo, porque con la diferencia horaria…
—¿Nos vamos tomando otro café?
Porque ya sabes que lo mío no es la síntesis.
—¡Ah! ¿Y entonces qué? Si te parece…
Y la pobre se queda allí, en posición de loto como un buda cualquiera, pensando:
«Este hombre es idiota… Pues no va y, después de…, se acuerda de la meditación».
Hay cosas que las tienes que traer hechas de casa…
Y la pobre, por más que se quería concentrar, menos se concentraba.
Así que se fue a dar una vuelta mientras el meditador meditaba… Yo creo que Richard Gere hace lo mismo porque, con lo que ha ligado, casi no ha tenido tiempo para meditar, a menos que, cuando queda con el Dalai Lama, aproveche.
Ella, mientras pasea, se come un bocadillo porque ya no sabía lo que podía esperar… Y se dijo: «Lo que sea, mejor comida».
Pero no…
—¡Ja, ja, ja!
—A ver, ¿esto de verdad le ha pasado a tu amiga… o ha sido a ti?
—Bueno… dejaremos abierto el enigma.
Cenan y, mientras tanto, venga a hablar de la India, de la meditación, de tal y cual libro…
Según contaba, venía de cortarse el pelo en París, había estado comprando tapices en Marruecos, se iba al Festival de Cine de Berlín y después tenía una exposición en Japón… Y, por supuesto, un amor en cada puerto.
Ella alucinaba porque, objetivamente, era lo menos místico que había conocido en su vida.
Resumiendo: mi amiga regresó a Barcelona y, cuando el «artista» se volvió a poner en contacto con ella para seguir «conociéndose porque le gustaba mucho», ella le preguntó:
—¿Conocernos? ¿Antes de la meditación o después…?
Así que le dijo que tenía novio formal y que estaba a punto de casarse.
—¿Pero no decías que no tenías novio?
—Ha sido el karma.
—Es lo que tiene esto del budismo…
—¡Ja, ja, ja!… ¡Claro!
Volviendo a Richard Gere…
Pues que ya te lo dije en su momento: lo de vivir en España le iba a durar medio telediario…
Bueno, han aguantado casi un año.
Qué poco tiene que ver el cine con la realidad… Y es que me encanta el cine.

A mí también…
Y es que hacer un recorrido por la filmografía de Richard Gere es reconocer que nos ha hecho soñar con cada una de sus historias. Sus ojos, su elegancia y su valentía han conquistado al público en la gran pantalla y fuera de ella.
¿Te acuerdas?
En American Gigoló, haciendo de prostituto; en Pretty Woman, como un rico empresario que contrata los servicios de una prostituta a la que redime. Es total haciendo de cínico periodista en Novia a la fuga y me hizo llorar en Siempre a tu lado y redescubrir la pasión en Bailamos.
¡Ohhh!
No sé tú, pero yo quise ser la reina Ginebra —a pesar del dilema— para vivir la pasión al lado del apuestísimo Lanzarote en El primer caballero…
Y tantas otras que le convirtieron en un icono de Hollywood.
Pero su vida personal anda pareja a la de sus películas. Sus romances se cuentan por cientos y creo que me quedo corta, y sus matrimonios, tres en total, ahí están para envidia de la mayoría.
Comenzó casándose con la supermodelo Cindy Crawford (1991-1995), cuando ella tenía 21 años y él, 39. Cindy explicó más tarde que se enamoró de Gere apasionadamente y que se amoldó a todo lo que le gustaba al actor, para terminar explicando que, en su matrimonio, eran tres, porque en aquella época el galán iba con el Dalai Lama hasta al retrete.
Le siguió la chica Bond Carey Lowell (2002-2016), con la que tuvo a su hijo, Homer. Se separaron después de 15 años, alegando diferencias irreconciliables en su modo de vida. Al actor le gustaba la tranquilidad de su rancho en New Canaan, Connecticut, a casi dos horas de Nueva York, mientras que ella prefería un tipo de vida más social.
Más tarde, en 2014, conoció a la española Alejandra Silva en un hotel de lujo en Positano, Italia. Contrajo matrimonio en 2018 y tienen dos niños, Alexander y el pequeño, del que no ha trascendido el nombre.
La diferencia de edad es abismal: 34 años. Pero, según parece, fue mirarse y reconocerse; sus karmas se atrajeron desde el momento en que se vieron, porque, según Alejandra, «nos conocemos desde hace muchas vidas».
Eso se lo ha dicho el Dalai Lama, fijo.
Después de un ir y venir al rancho del actor en Nueva York, en 2024 la familia se estableció en Madrid. La noticia se dio a bombo y platillo porque venían con un proyecto, por lo que parece bastante elaborado, de «impulsar iniciativas solidarias contra las personas sin hogar».
Se compraron una impresionante mansión en La Moraleja y, poco después, adquirieron otra en Oleiros, A Coruña, por un valor cercano a los diez millones de euros. Un lugar muy especial para ella…
Todo esto en apenas un año de residencia en España.
Y, sin despeinarse ni despedirse, han abandonado nuestro país de forma repentina para volver a instalarse en Estados Unidos.
¿Por qué?
La «explicación» ha sido que se debe a la agenda del actor, a la escolarización de sus hijos… —pero ¿no tenía hijos cuando se mudaron a España?—. En definitiva, han cambiado de planes…
Y es que no es lo mismo relacionarse con algunos de los supuestos «genios» españoles en un estreno internacional e intercambiar dos palabras con ellos que invitarlos a tu casa…

Aunque seguirán viajando a España… Faltaría más.
De momento, Alejandra ya tiene dos casas para cuando se divorcien…
Y volviendo a Oficial y caballero, es que me encanta. Y mira que me ha traído complicaciones esa película. Por su culpa me rompí la nariz.
—¿La nariz?
—¡Ah! ¿No lo sabías?
—¡Vaya! Pues sí que hacía tiempo que no cotilleábamos.
Sí. Un día estaba yo pintando una habitación. Era roja y la quería naranja. De una pared salían unas escuadras de hierro que aguantaban unas estanterías…
Estaba concentrada en la pintura cuando me dio por enchufar la tele. Por un momento pensé: «No la pongas porque te despistarás y te clavarás las escuadras…».
Pero veo que está a punto de empezar Oficial y caballero y me digo: «No la miraré, solo la escucharé». Y sigo concentrada en la pintura.
Y, de pronto, oigo cómo Richard descubre que su amigo se acaba de suicidar porque lo han traicionado. Él pensaba que lo querían por sí mismo, pero no: solo lo querían por el uniforme y no pudo resistirlo…
Levanto la cabeza para mirar la escena y ¡zas!, golpetazo en la nariz.
Noto cómo sale de la herida sangre casi a borbotones. Me había hecho un corte en el tabique nasal súper profundo y no había manera de parar la hemorragia.
Llamo a un amigo para que me acompañara al hospital y va y me dice:
—Seguro que cuando lleguemos piensan que te he cascado.

Y yo:
—¡Qué exagerado!
Y tenía razón.
Era una de esas épocas en las que las feministas trasnochadas andaban como locas «recomendándonos» que odiáramos a todos los hombres porque son «malos, malos, malos» —menos los que ellas se cepillan—, y la herida era como sospechosa… para ellos.
Por cierto, ¿Dónde están las feministas en estos días en los que en Ceuta salen casi a violación diaria? ¿Vosotros las habéis oído cuestionar la política del Gobierno? ¿Y el resto de intelectualoides subvencionados?
¡Qué calladitos están todos…!
¡Ah! Debe de ser que Ceuta está demasiado cerca, es España y no hay que poner en peligro las subvenciones.
Llegamos al hospital y me hacen rellenar un parte, y yo diciéndoles:
—Oiga, atiéndanme, que me estoy desangrando.
Llevaba una toalla absolutamente empapada —no exagero— y me preguntan cómo me he hecho la herida y al chico que me acompañaba si es mi pareja.
Y él:
—¡Nooo! Yo solo soy el acompañante.
Y me mira con cara de circunstancias y un «Ya te lo dije».
Y yo:
—No, si es que estaba pintando una habitación y me he hecho un corte con una…
Y les explicaba, pero no escuchaban:
—Cuando me limpien la herida verán que es un cortazo importante, no un guantazo importante…
Seguía con la toalla en la nariz y sangrando y no había manera de que me atendieran, aunque ahora estaba sentada en una camilla esperando al médico.
Cuando llega el facultativo me vuelve a preguntar cómo me había hecho la herida y yo:
—Oiga, la culpa la ha tenido Richard Gere…
—A ver. ¿Cómo?
—Si yo estaba viendo Oficial y caballero. ¿La han visto ustedes?
—No.
—Y cuando su amigo se suicida…
—¡Ay! Vaya daño… Lo ha hecho a propósito, seguro.
Y cuando por fin consiguen parar la hemorragia, ven que, efectivamente, es un corte limpio. Entonces aparece un «gracioso» que me dice:
—¿Cuánto me cobras por pintar mi salón?
Y yo:
—Depende. ¿Con película de Richard Gere…?
—Como quieras, porque las tengo todas… Mi amigo, observando el flirteo del sanitario, que casi le había acusado de maltratador, le quiere cascar…
Y regreso a casa pensando en mi pobre nariz y jurándome que nunca más vería Oficial y caballero.

Y volviendo a Richard…
—¿Y ahora qué hace la pareja en Nueva York? Porque él se lo pasará bomba, pero a ella le toca aburrirse un rato… digo, cuando no medite.
Pues él está rodando una nueva película que se llama Asymmetry. Un rollo de esos románticos donde se explora la relación secreta entre un escritor mayor y su jovencísima asistente y los problemas que se derivan cuando sale a la luz pública.
debido a la enorme diferencia de edad y a la exposición al juicio social.
—¡Qué aburrimiento!
Pero Richard igual gana un Oscar porque, con la práctica que tiene en relaciones de pareja con diferencia de edad, no le debe costar nada ponerse en el papel.
No es que a él le gusten las mujeres jovencitas, no, no penséis mal. No es él… Es que:
La culpa la tiene el karma. Fotos: MJRasero
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