Pasada la resaca de la entrega del Premio Planeta, la ganadora, Isabel Allende, y el finalista, Sergio Hernández, andan de promoción. Un día antes de que sus respectivas novelas, La hora antes del alba y La añoranza, salgana la venta en España (el día 4 de noviembre), tanto en formato papel como en ebook, han presentado sus obras en un acto conducido por la también ganadora de un Premio Planeta, la periodista Sonsoles Ónega, y con la presencia del presidente del Grupo Planeta, José Creuheras.
El acto ha tenido lugar en la Real Academia Española y ha contado con la presencia de su director, Santiago Muñoz Machado, entre otras autoridades, además de una numerosa representación de escritores y personalidades del mundo de la cultura.
José Creuheras ha abierto la presentación dando las gracias por acompañarlos: «Hoy es un día especial. Llevamos 75 años con el mismo propósito: dar la máxima difusion al libro, acompañar a los autores en su carrera y facilitarles todo lo posible para que puedan escribir y que los editen. Más allá del premio, más allá de los nombres, son dos grandísimas novelas y estoy seguro de que, cuando las tengan en sus manos, se acordarán de lo que les digo. Son dos novelas imprescindibles hoy y nos llena de orgullo que se hayan sumado al elenco de ganadores del Premio Planeta».

Sonsoles Ónega ha comenzado el acto con un pequeño lío con el año en que la autora chilena escribió La casa de los espíritus (corregido automáticamente por la propia autora), obra que ya se considera la primera parte de La hora antes del alba, ganadora del Premio Planeta 2026
A continuación, ha asegurado que «la literatura se va a pegar un fiestón con estas dos novelas», para seguir dando la bienvenida a «la gran dama de las letras en español» y felicitarla por entrar por la puerta grande en Editorial Planeta. También ha asegurado que «a todos los autores nos honra tu presencia y que estemos compartiendo editorial»
Después ha saludado al finalista y ha seguido desgranando aspectos de ambas novelas en una charla que más bien parecía una conversación entre amigos, de esas que te dejan con ganas de continuar.
La conversación ha girado en torno a los personajes de la novela de la escritora que ha dado origen a esta segunda parte y también sobre La añoranza, que su autor define como una historia reconciliadora que pone en valor que la literatura es un vehículo para la memoria… De fondo se oye decir a Allende: «Y para el amor». Sí, también para el amor, matiza el autor. «Las cicatrices no pueden pesar más que la vida», añade el finalista.
Personalmente, creo que, si seguimos explicando aspectos de las obras, les vamos a quitar las ganas de adquirirlas a los lectores.
Porque, si a todas las explicaciones sobre sus argumentos que han dado los autores en las diferentes ruedas de prensa sumamos la involuntaria «indiscreción» de Sonsoles Onega, casi revelando el final, no nos van a quedar ganas de comprarlas.
Pues sí, la periodista de Antena 3 se dejó llevar por su entusiasmo y dijo que, afortunadamente, la historia termina bien, cargándose el misterio que hace que tengas ganas de terminar de leer una novela para descubrir qué pasa con sus protagonistas.

En fin, fue sin querer…
Pero no pareció que a Allende (que tiene carácter) le importara demasiado, así que voy a repasar algunas de las que, para mí, fueron anécdotas de la conversación, centrándome en un tema del que parece que a la escritora le encanta hablar: el amor.
Porque, curiosamente, las dos novelas coinciden en que hablan de amor y memoria, de cómo dos personas intentan tener una vida propia bajo el manto de la represión y de cómo el amor está muy presente en la obra. La historia de Julia y Bastián, en La añoranza, está muy ligada al perdón a través del amor.
«Una obra de ficción con mucho de real. Hay personajes fantásticos, como esas personas que ayudaban al poeta Antonio Machado y no eran conscientes de quién era…».
Por cierto, el poeta quería morir en tierra española, así que cogió con sus manos un puñado de tierra de España antes de cruzar la frontera y lo enterraron con ella.
Eso coincide con lo que hice yo —explica Isabel Allende— cuando me fui de Chile: me llevé una bolsita con tierra de mi jardín, con la idea de que iba a plantar algo en ella. Pero no solamente no pude plantarlo, sino que nunca pude volver realmente a mi país. Lo que pasa con Machado es que los que se van siempre miran hacia atrás. Uno se va amarrado a la tierra y, donde quiera que vivas, la llevas contigo.
Para Sonsoles, son novelas de «te quieros» no pronunciados…
Para Allende, la literatura es un ejercicio de imaginación y de empatía, así que cualquier autor puede escribir una novela alejada de las circunstancias en las que transcurre la historia.
Dado el trasfondo político en el que transcurre la obra de Hernández, la escritora chilena aprovechó para comentar:
«Hay generaciones de gente joven ahora que tienen una especie de coqueteo con la idea del autoritarismo, de la ultraderecha, de algo que yo viví. Como no saben lo que fue, lo que es, creen que puede ser una solución a los problemas de hoy. Pero agravan problemas y crean otros. La democracia es como la buena salud: la das por hecha hasta que te falta y, cuando ya no la tienes, sabes cuán preciosa es».
La relación entre ambos autores es magnífica. El escritor dijo que, cuando supo que iba a compartir esta experiencia con Isabel Allende, pensó que había obtenido un premio por partida doble y que con ella está aprendiendo mucho.
La chilena ejerce como una maestra que da consejos a su discípulo en medio de la charla. Y, a colación de una pregunta de Sonsoles sobre s ipodría escribir una historia de amor, dijo:
«Tengo suficiente experiencia amorosa para muchas novelas, después de tres maridos y, si vivo lo suficiente, tendré un cuarto…».

Y se ríe.
Sonsoles le pregunta si eso se lo dice a él también… «No, a él lo que no le gusta es que diga “Mi marido actual”».
Allende recuerda al escritor que, a partir de ahora, tendrá muchas distracciones, muchas mujeres… gente que te hace la pelota…
Sonsoles interrumpe y le dice que lleva muchos años con su novia, allí presente, que asegura que es un buen novio. Isabel contesta que… «Bueno, es que las mujeres somos muy pacientes. Yo estuve con el primero 29 años y 28 con el segundo. He tenido muchas historias de amor, quizás he priorizado la cantidad a la calidad…».
Y vuelve con los consejos:
«Pero no dejes pasar mucho tiempo hasta comenzar la próxima novela. Tienes que dedicar un día y un horario para escribir y tener tu propio espacio… El espacio para escribir lo tienes que crear, aunque sea dentro de tu cabeza. Ese cuarto tiene que ser como una habitación sagrada. Tampoco compartas mucho lo que estás escribiendo, lo que estás haciendo, porque se diluye… Es como tener novio y contar cosas de él: viene otra y te lo quita… Ten mucha privacidad».
Y es que el autor ya tiene la segunda novela en la cabeza…
En cuanto a la autora, explicó:
«No sé lo que voy a escribir, pero sí que el 7 de enero todo esto que estamos viviendo me lo quitaré de la mente y me quedaré en ese cuarto privado dentro de mi cabeza». Fotos: Editorial Planeta y @Alberto R. Roldán
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