A estas alturas, todos sabemos que Greenpeace es un movimiento ambientalista internacional independiente, presente en 55 países, que no acepta donaciones de gobiernos, para poder mantener su independencia. Su manera de trabajar es realizando campañas pacíficas en todo el mundo, para poner fin a los abusos a nuestro planeta, como el calentamiento global, la desforestación, la caza de ballenas, la sobrepesca, la energía nuclear, etc.
Curiosamente… somos nosotros, los que día tras días cometemos agresiones contra nuestro mundo, aunque deberíamos ser los principales protectores de la Tierra.
He tenido la suerte de acompañar a miembros de Greenpeace a bordo de uno de sus barcos en una campaña por el Mediterráneo, y fue una experiencias que recordaré siempre. Un grupo de gente idealistas, convencidos que se puede salvar el planeta… Sí, se puede salvar. Pero para eso, no solo tenemos que aprovecharnos de los recursos que nos ofrece la naturaleza de una forma generosa, sino aprender a respetarla.
En estos días Greenpeace, está embarcado en otra de sus cruzadas, una investigación en el Océano Indico a bordo del «Antic Sunrise», que les ha enfrentado a una armada de barcos industriales que usa una de las prácticas de pesca más destructivas para el ecosistema marino, como son las llamadas «paredes de la muerte», gigantescas redes de deriva ilegales y prohibidas por Naciones Unidas desde hace más de 30 años que se siguen utilizando.
La vida marina en la región se está viendo gravemente destruida, las poblaciones de tiburones han disminuido en casi un 85% en los últimos 50 años. Además, capturan especies en peligro de extinción como la raya diablo.
Estas irregularidades en el mar es el resultado de unos “océanos sin ley”, con flotas pesqueras que se aprovechan de la falta de vigilancia en aguas internacionales, que les permiten operar con total impunidad.

Los gobiernos de todo el mundo, incluido el de España, están permitiendo que la industria pesquera se multiplique sin control sobre esos frágiles ecosistemas y su valiosísima biodiversidad. Fotos: Greenpeace
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