Paquito…
—Pero ¿Qué te pasa?
—Snif, snif, snif…
—Menos mal que te he encontrado, porque hoy necesitaba un hombre…
—Bueno, quiero decir para llorar en su hombro…
—Pues menos mal que es para eso, porque si fuera para otra cosa, a menos que en vez de llamarte María José te llamaras José Mari, lo tienes fatal conmigo.
—Mira que eres desagradable, hijo…
—Snif, snif, snif…
—No me lo puedo creer que seas tú…
—Pues claro.
—Y tú también eres tú…
—¿Cómo me ves?
—La verdad, como a ti te gusta, o…
—Hoy prefiero, o…
—Debes de estar fatal.
—Sí
—Es lo de siempre.

—Lo dudo, porque a ti lo de siempre no te va.
—Es que ahora me interesa lo clásico y me he enamorao de un vintage… ¡y él de mí, noooo! Snif, snif, snif.
—¡Coño! Toma un pañuelo.
—Eso es porque tienen mal gusto… No te interesa.
—No, si aunque me interese, va siempre con «policía». Creo que tiene novia: más joven, más rica, más fea… Pero hablando con mi amigo el mitómano hemos repasado la vida sentimental de un montón de las actrices más guapas de Hollywood, que se lo han comido todo pero no se las ha quedado nadie. La belleza no cuenta… Y además, como no te toque la lotería…
—Snif, snif, snif, snif
—Bueno, la verdad es que en estos momentos eres un «chollo»…
—¡Jajaja!
—¿Lo ves? Te ríes de mí… Snif, snif, snif…
—Porque no te tomo en serio. Va, venga, Mariajin, no llores, no llores. ¡Mua, mua, mua!
—Eso, dame besos, que los necesito.

—¿Quieres un helado?.
—No. Quiero una natilla de Mercadona.
—¿Cómo que de Mercadona?
—Es que estoy acostumbrada y, si me las compras buenas, no me gustan.
—¡Coño!
—Pero ¿qué os pasa a los pijos, que utilizáis el lenguaje de la plebe?
—¿Por qué lo dices?
—Porque me encontré hace unos días a F. y también soltaba unas palabrotas de aúpa.
—Normal. Ser tan pijo y tan clasicón cansa… Y además, cuando dices un buen taco, te quedas como Dios.
—Puede ser… Como estoy acostumbrado a mi papá, albañil, que todo lo que salía por la boca eran puros tochos, pues tengo en el ADN un 50 % de pija y el otro de choni.
—¡Ay!, pero no metas a Dios en esto, que bastante tiene con los que acuden a la iglesia… y con los que no acuden.

—Pues tienes razón, que también lo tiene fatal… Pero, Mariajo, que es porque quiere. Yo estoy dispuesto a asistir a misa y, ya sabes mi poder de convocatoria, si me pongo le hago un «sold out» en la iglesia que flipas. Pero como no nos quieren…
—Sí os quiere. Bueno, ya hablaré con Él, a ver si se enrolla. Porque tú eres tan mono, elegante y buena persona…
—Sí, sí… Tengo un éxito que luego te cuento. He conocido a un maromillo que me tiene el coco sorbío.
—¿Ves? Eso es lo que no le gusta a Dios. Además, ¿Qué es eso de «maromillo», «sorbío»? ¡Vas mal! ¡Madre mía! Si casi no te entiendo… ¡Vaya vocabulario!
—Con este ni hablamos. Vamos directos a…
—Vale, vale, ya… Que estoy yo ahora mismo para que me cuentes estas cosas…
—Pero, aparte de tu «enamoramiento», ¿llorarás por algo más tangible?
—También es por Ceuta, que, a base de verlos sufrir, les he cogido cariño.
—Mira que se lo está haciendo pasar mal Sánchez… Es que quiere morir matando.
—¡Pobre gente!
—Y nuestro presi, la querencia que le ha cogido al Hassan ese de Marruecos… Deben de ser íntimos, porque mira cómo lo defiende. Porque no es gay, que, si no, pensaría que tienen un idilio.
—Pues nunca se sabe… A mí no me va, pero a amigos míos el marroquí ese les pone un rato, porque se le ve bastante machito y, con las farras que se marca en sus viajes privados a París, pues lo ves como un compadre.
—Igual por eso Sánchez…
—Porque a La Mareta no le habrá invitado, ¿no?
—Hombre, no habría podido venir, con el trabajazo que le habrá dado montarnos todo este lío.
—Bueno, Sánchez dice que no, que el monarca alauí no tiene nada que ver con el marronazo que tienen los ceutíes.
—No, si ya te digo yo que a Sánchez, ni agua. Ahora va le echa la culpa a Israel, a Rusia y, sobre todo, al Rey. Todo menos a él mismo, para desviar la atención.
—Como siempre, lo de siempre.
—Sí. Mientras tenga tantos lameculos alrededor a los que les interesa que siga… Iba a decir «gobernando», pero mejor le pega «presidente», porque lo de gobernar lo haría si quisiera a su país… y no solo a sí mismo. El día que le echen, las oficinas de desempleo se colapsan fijo, con la cantidad de «gentu..» que se va a quedar en paro.
—Por cierto, ¿te acuerdas de Lalla Salma, la mujer de Mohamed VI durante dieciséis años? ¡Qué valor! Y con la que tiene dos hijos, Mulay Hassan y la princesa Lalla Khadija. Después del divorcio, en 2018, casi desapareció del mapa. Se la ve en contadas ocasiones, como este verano en Capri.

—Sí, yo esperaba verla en algún reportaje de ¡Hola!, pero no.
—Afortunadamente, hoy la gente se ha echado a la calle en apoyo de Ceuta y en contra del Gobierno de Sánchez.
—Veremos qué dice mañana en el Congreso.
—¡Ah, pues mira! Ya se me ha pasado el sofocón del enamoramiento… y el enamoramiento. Él se lo pierde, ¿no?
—Además, el mundo está lleno de hombres modernos, porque lo vintage está bien como adorno, pero para el día a día, mejor alguien que esté en el mundo.
—Paquito, te quiero. Eso sí, nunca más me vuelvas a preguntar si quiero saber la verdad, porque no, no la quiero saber… Ya me miro yo solita al espejo.
—Coño, que estás muy buena, Mariajo.
—¡Claro! Ahora, para hacerme la pelota…
—¡Jajaja!
—Por cierto, me dijiste que conocías un médico buenísimo que te había quitado…
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