1 de septiembre de 2026

El cajón de Lady Pepa

Travel, Fashion, Beauty, Culture, Lifestyle… by María José Rasero

Pamplona, una ciudad que conquista el alma del viajero

Pamplona, fundada en el siglo I a. C., es la capital de la Comunidad Foral de Navarra. Conocerla es enamorarse de su historia, su cultura y sus tradiciones. Aunque lo primero que nos viene a la mente cuando pensamos en esta urbe acogedora, moderna y cálida son sus internacionalmente conocidas fiestas de San Fermín y sus encierros.

Un destino que atrae a miles de visitantes cada año y que ostenta, además, el reconocimiento de ser una de las ciudades con mejor calidad de vida de España.

Considerada una de las capitales más verdes de Europa, Pamplona cuenta con espacios como el parque de la Taconera, situado en los antiguos fosos de la Ciudadela, construida en el siglo XVI para proteger la ciudad. Sus 280.000 metros cuadrados de vegetación lo convierten en uno de los grandes pulmones de la capital. Sus extensas áreas de jardines y bosques albergan multitud de especies animales, como gansos, pavos reales, patos, ciervos y cabras. Y desde algunos de sus rincones se pueden disfrutar de bellísimas vistas panorámicas de la urbe.

El Casco Antiguo, situado en el centro de la ciudad, es una joya de calles empedradas que alberga algunos de sus principales monumentos, como la Catedral Metropolitana de Santa María la Real de Pamplona, construida entre los siglos XIV y XV. Se trata de un impresionante conjunto catedralicio que combina un interior de estilo gótico con una fachada principal neoclásica, del siglo XVIII, y un claustro considerado uno de los más bellos y mejor decorados de Europa.

También encontramos la Plaza del Castillo, un cuadrilatero de 14.000 metros cuadrados que representa el el corazón histórico de la ciudad. Rodeada de bares, terrazas y edificios señoriales del siglo XVIII, es uno de los principales lugares de encuentro de los pamploneses.

Pero Pamplona no solo ofrece la posibilidad de visitar y disfrutar de su pasado histórico. También está su presente y, para conocerlo, hay que tener en cuenta sus tesoros culturales y arquitectónicos. Para ello, una parada obligatoria es el Museo de Navarra, que enseña obras de arte y arqueología  desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna, también el Museo Universidad de Navarra, que destaca por su apuesta por el arte contemporáneo, el Archivo Real y General de Navarra, rehabilitado en 2003 por Rafael Moneo o el Planetario, entre múltiples paseos a pie y excelentes rutas llenas de encanto para descubrir una ciudad que te asombra a cada instante.

Pamplona destaca por su belleza, pero también por su gastronomía, en la que sobresale una excelente materia prima. Famosos son los cogollos de Tudela, los pimientos del piquillo, la trucha a la navarra o la menestra de verduras, especialidad de la huerta navarra, sin olvidar sus exquisitos pinchos.

Una ciudad que levanta pasiones y que, sin ninguna duda, ayudó a poner en el mapa Ernest Hemingway con su novela “Fiesta”. En su última visita a los Sanfermines el autor norteamericano dejó para la posteridad la célebre frase: «Nunca podré hacer yo más de lo que Pamplona ha hecho por mí». Y es que Pamplona conquista el alma del viajero.

Pero antes que él existieron otras figuras representativas de la ciudad, como Cneo Pompeyo Magno, fundador de Pompaelo; Remigia Echarren, la célebre funambulista pamplonesa; Catalina de Foix, última reina de Navarra; el violinista Pablo Sarasate, o San Fermín, copatrón de Navarra y símbolo de Pamplona, entre otros.

Además, durante este año Pamplona, a través de su Ayuntamiento, impulsa una iniciativa estratégica bajo la etiqueta de «Capital Mundial de la Pelota Vasca». La ciudad ha convertido su arraigo pelotazale en una apuesta turística y cultural que mira al futuro desde la sostenibilidad y la innovación, y convierte siete siglos de historia en un atractivo turístico que el visitante puede vivir durante todo el año para sentirse uno más de la ciudad.

La historia y el origen de la pelota vasca en Pamplona

Su traducción práctica es un programa que permite vivir la pelota más allá del partido durante todo el año: rutas y visitas guiadas que recorren el centro histórico integrando el relato de la pelota en la historia de la ciudad, veladas nocturnas en la Catedral o la posibilidad de sentir de cerca la velocidad del remonte en el Frontón Labrit. La agenda tiene además una cita de altura los días 11 y 12 de noviembre, cuando el propio Labrit acoge el «Congreso de la Pelota Vasca», un encuentro que reúne a aficionados, profesionales y empresas para analizar la situación del deporte y los retos de su futuro.

Ese diálogo entre tradición y contemporaneidad tiene también una lectura artística. El escultor Jorge Oteiza, uno de los nombres fundamentales del arte español del siglo XX,vio en el frontón la expresión perfecta de su búsqueda incesante del vacío y el espacio, fusionando el deporte tradicional con la vanguardia. Su huella sigue presente en distintos puntos de la ciudad, que pueden recorrerse siguiendo una ruta dedicada a sus esculturas.

El frontón, un ágora de piedra

El escenario de toda esta historia es el frontón, un espacio que en Pamplona funciona como auténtica ágora: el lugar de encuentro donde la ciudad se reúne, comparte y se reconoce. El más popular de todos es el Frontón Labrit, conocido como «La Bombonera» por el ambiente que se vive en un día de partido y considerado el gran templo de la pelota en la ciudad. Inaugurado en 1952, entre semana acoge entrenamientos y partidos de clubes, y los fines de semana, encuentros de pelota profesional a los que cualquier visitante puede asistir. A pocos pasos, junto a las murallas, se levanta el Frontón Jito Alai -cuyo nombre significa «fiesta alegre»-, y en pleno Casco Antiguo sobrevive el frontón de La Mañueta, construido en 1913 y célebre por sus curiosos desafíos: apuestas en las que el jugador con ventaja se cargaba con algún hándicap, jugaba con una sola mano o giraba sobre sí mismo antes de golpear la pelota.

Siete siglos de historia, del claustro a la calle

Para encontrar el origen de este vínculo con este deporte hay que remontarse muy atrás. En Pamplona hay constancia escrita de la práctica de la pelota desde 1331, cuando el juego hermanaba ya a reyes, clérigos, nobles y pueblo llano. Durante siglos se disputó en plazas y espacios públicos del centro, ante un público entregado que participaba activamente, proponía reglas y llegaba a acuerdos sobre la marcha. Su rastro quedó grabado en algunos de los rincones más emblemáticos de la ciudad, desde el desaparecido Euskal Jai hasta los propios claustros eclesiásticos, entre los que destaca la Catedral de Santa María la Real, joya gótica que cautivó en su día a Victor Hugo y que hoy puede recorrerse siguiendo la huella de la pelota por el entramado medieval del casco antiguo.

Fue tal su arraigo que, ya en el siglo XVIII, la popularidad del juego -y el peligro de los continuos pelotazos en plena calle- llevó a prohibirlo en las vías de la ciudad y en las inmediaciones de las iglesias. De aquella práctica callejera nació una modalidad singular, jugada a mano y con pelotas muy pesadas: el laxoa. Con el tiempo fueron surgiendo nuevas herramientas y variantes, y Pamplona se consolidó como la cuna de una de ellas, el remonte, modalidad inventada en 1904 por Juanito Moya en la que la pelota se despide con una cesta de mimbre que le imprime un efecto y una velocidad extraordinarios.

Siete siglos después, todo ese legado sigue vivo y al alcance de quien visita la ciudad: en el sonido del frontis, en el ambiente de un día de partido en el Labrit y en una programación que, durante todo el año, permite descubrir por qué en Pamplona la pelota es mucho más que un deporte. Fotos: Turismo de Pamplona

 

 

 

 

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