21 de agosto de 2026

El cajón de Lady Pepa

Travel, Fashion, Beauty, Culture, Lifestyle… by María José Rasero

La verdad… y el tiempo

Hay una película que tiene por título Mentiroso compulsivo, una comedia dirigida por Tom Shadyac y protagonizada por Jim Carrey.

El guión trata sobre la falta de honestidad de Fletcher Reede, su protagonista, un abogado sin escrúpulos que utiliza la mentira como una de las principales herramientas de su vida.

Ignora a su hijo Max porque su trabajo y sus enredos ocupan toda su vida. Cuando el niño cumple cinco años, al apagar las velas de la tarta pide un deseo: que su padre no pueda decir una sola mentira durante 24 horas.

Y se desata la “tragedia”, porque su progenitor jamás dice una sola verdad.

En la película se dan situaciones divertidas, pero lo serían más si en la vida real no hiciéramos lo mismo…

Porque la mentira se ha convertido en un valor añadido a nuestra personalidad. Aceptar la verdad puede hacer que tengamos que mover ideas arraigadas. La verdad choca con nuestras creencias, hace que nos tengamos que tragar nuestro ego…

Así que rechazamos la verdad aunque nos la muestren. O ni siquiera dejamos que nos la demuestren y, si lo intentan, ridiculizamos al que osa crearnos semejante malestar.

Hay que ser muy valiente para mirarnos al espejo y reconocer nuestra verdad y la de la gente que tenemos en nuestro entorno. Así que preferimos correr un tupido velo y mantenernos envueltos en mentiras.

A partir de ahí, la defendemos, la utilizamos y no permitimos que se acerque a nosotros quien pretende demostrar nuestro error, porque quizá, al conocerla, destruiría nuestras ilusiones con respecto a personas a las que apreciamos. Y la realidad nos obligaría a cambiar de opinión, creando una incomodidad que no estamos dispuestos a permitir.

Así que una persona que tenga como estandarte decir siempre la verdad molesta, porque eso obliga a quienes la escuchan a plantearse situaciones embarazosas que, de otra manera, ni siquiera se les pasarían por la cabeza.

Pero, por mucho que huyamos, la verdad es inamovible. Siempre existirá, porque es la consecuencia, el resultado, de lo que se piensa, se cree y de la realidad de los hechos.

Una realidad que tiene que poder demostrarse porque, si no, formaría parte de lo que entendemos por “nuestra verdad”… Y eso sería una verdad relativa.

Existen varios tipos de verdades, pero la única fiable es la verdad objetiva, porque no cambia en función de lo que alguien sienta o crea. No es abstracta, no es subjetiva, ni relativa, ni depende de una persona u otra. No depende del tiempo, ni de la cultura, ni de los pensamientos, ni del contexto.

 Es, sencillamente, la verdad.

Pero los seres humanos no estamos interesados en vivir de verdad, relacionarnos de verdad, amar de verdad…

No. A los seres humanos nos interesan las trampas, las mentiras. No queremos escuchar cuando alguien intenta defenderse de acusaciones o referencias falsas. No queremos quitar máscaras porque la primera que nos tendríamos que quitar sería la nuestra.

Así que preferimos escuchar las opiniones tendenciosas de nuestro entorno, familia y amigos, y hacer caso omiso de quien quiere defenderse de críticas negativas, aclarar situaciones y demostrar esa verdad que al cerebro le cuesta tanto aceptar cuando sabe que se ha equivocado.

Las personas que lo intentan se llevan grandes sorpresas en forma de desinterés y escuchan frases como:

 —Bueno, ya me lo explicarás otro día.

Vamos tan mal que ni siquiera estamos dispuestos a escuchar…

Pero… ¿escuchar? ¡Uff! ¿Para qué sirve eso?

Tal vez para conocernos.

Tal vez para hacer justicia.

Tal vez para decirles a las personas que hacen daño a los demás que eso no se hace.

Tal vez como aprendizaje.

Tal vez para darnos cuenta de que no son los otros los que se equivocan, sino nosotros.

Tal vez para darnos cuenta de que nuestra ignorancia hace que defendamos decisiones erróneas y que no estamos dispuestos a que otros nos demuestren nuestro error.

Es más fácil dar la espalda y pensar:

 —“Que se busque la vida y a mí que no me caliente la cabeza…”

Pero como el tiempo es el mejor aliado, con paciencia la vida nos demuestra lo equivocados que estuvimos con personas y situaciones y, a veces, hasta hace que nos arrepintamos cuando ya no tiene remedio.

Hagamos que, en esta sociedad de mentirosos, embaucadores, malvados e interesados, prevalezcan la verdad, la honradez y la caridad.

Luchemos por hacer que este mundo que nos ha tocado vivir sea transparente, que tenga como prioridad el respeto hacia nuestros congéneres, hacia los otros seres humanos con los que compartimos el universo.

Hagamos honor a ese Dios en el que nos refugiamos solo cuando las cosas nos van mal y que, como dijo en uno de sus mandamientos, nos pidió que no hiciéramos a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros.

“No juzguéis y no seréis juzgados”.

“No darás falso testimonio”.

Dios aborrece la mentira y la considera una abominación totalmente opuesta a su naturaleza. El diablo es el padre de la mentira, indicando que quien la practica se aleja de los caminos divinos.

Leamos a Sócrates y confiemos en lo que dice:

 «La mentira gana partidas, pero la verdad gana el juego».

Y para los que chillan y creen que sus berridos les autorizan y les dan la razón, tengamos en cuenta a Rabindranath Tagore, que sentenció:

 «La verdad no está de parte de quién grite más».

Yo añado: ni de quien miente más, ni de quien hace más daño, ni de quien va de víctima sin serlo, ni de quien en vez de ser agradecido por los favores que la vida le ha concedido y debería estar todos los días de su vida de rodillas dando gracias a Dios, hace todo lo contrario: se aprovecha de las debilidades y carencias ajenas.

 Dice un dicho popular que “el tiempo siempre da la razón”.

Los hechos acaban por dar la razón y ponen a cada persona en su lugar, aunque haya que esperar.

.Y quizá entonces entendamos que aquello que no quisimos escuchar, aquello que preferimos ignorar, aquello que nos molestaba aceptar… era precisamente la verdad.

 “Los hombres juzgan la apariencia; Dios juzga el corazón”. Fotos: Copyright MJRasero

 

 

 

 

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