A menudo escuchamos a la gente decir que hace tal o cual cosa “por educación”. Pero, ¿qué significa realmente esa palabra? Muchas personas la utilizan sin saber su significado auténtico. Les han enseñado a seguir las reglas, a guardar las formas, a comportarse correctamente, y creen que eso basta para relacionarse con los demás. Sin embargo, detrás de esa aparente corrección muchas veces se esconden carencias emocionales profundas.
Quienes aplican la “educación” como si fuera un mantra suelen mostrar una gran falta de empatía. Se mueven con frialdad, de manera distante, superficial, convencidos de que su forma de actuar es la correcta. Viven aplicando, con mucha cortesía, la “ley de Frozen”: aparentar cordialidad, pero mantener el corazón helado. Y si alguien no está de acuerdo con ellos, lo hacen notar con palabras tan educadas como hirientes, dejando claro que, a su juicio, “no estás a su altura”.
Muchos de estos llamados “educados” son en realidad clasistas. Dan una importancia desmedida al dinero, creen que pertenecer a una clase social “inferior” te hace menos digno, y practican la caridad desde la superioridad, en la mayoría de los casos solo si los demás pueden ver su gesto. Algunos ni se plantean que ayudar desde el ego no es ayudar: es alimentar la vanidad.

Para mí, todo tiene que ver con el amor. El amor entre los seres humanos es lo que nos vuelve verdaderamente empáticos. Nos permite entender que la vida a veces pone obstáculos difíciles, que no todos partimos del mismo lugar, que hay personas enfermas, otras sanas, unas con más oportunidades que otras, y que nadie es mejor ni peor por su raza, su aspecto o su nivel económico. En todas partes hay personas buenas y malas, pero la verdadera bondad no se mide por mostrar unos “exquisitos modales”: se demuestra en los actos.
Ser educado no se presume, se demuestra. No ser clasista se demuestra. No hacer daño a los demás también se demuestra. Tener dinero o cultura no convierte a nadie en mejor persona. Las peores personas son las que viven en la indiferencia, incapaces de responder al afecto o a la generosidad. Las que no saben dar un abrazo sincero, ni mirar con ternura, ni abrir el corazón.
Esos “seres tan educados”, que ni siquiera se quieren a sí mismos, seguirán viviendo en la carencia emocional por elección, porque para ellos los espejos solo sirven para comprobar si son guapos. Se refugian en pequeños grupos donde entre ellos alimentan sus miedos sus complejos y frustraciones, convencidos de que los problemas siempre están en los demás y nunca en ellos. Se sienten perfectos, ricos, distantes, pero en realidad son profundamente pobres en sentimientos. No son capaces de pedir perdón…
Yo me considero una persona educada, pero sobre todo quiero querer. Quiero demostrar al mundo que todavía hay personas capaces de abrazar a quien no tiene nada, de tender la mano sin juzgar, de mirar con compasión sin importar el aspecto, el dinero o la cultura. Quiero creer -y estoy segura- de que Dios, la Virgen o quien sea, (aunque, para mi solo son ellos y solo ellos), quienes premian ese amor sincero, si es que el amor necesita premio.
Las injusticias, las sonrisas forzadas y los “buenos días” vacíos de verdad en las redes sociales no son educación. La verdadera educación es hablar con respeto, relacionarse con sinceridad, compartir, confiar y amar. Porque solo el amor -aunque suene repetitivo- puede salvarnos. Y no podemos apartarlo de nuestras vidas, porque… ¿cómo podríamos vivir sin amor?.
Y sin embargo… hay tantas personas a las que ese sentimiento no les interesa, porque, como al personaje de Disney, el tio Gilito, nadie es más importante que el dinero.
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El Cajón de Lady Pepa, es un espacio donde caben noticias de cualquier ámbito. En está página hablaré de temas que para mi sean interesantes al margen de si son o no actualidad. Es mi espacio, y quiero que sea un reflejo de lo que me apasiona, de lo que me molesta y lo que me sorprende. Me interesa la moda, me gustan los viajes, pero sobre todo admiro a las personas que con sus ideas e iniciativas ayudan a crear un mundo mejor.

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