30 de noviembre de 2025

El cajón de Lady Pepa

Travel, Fashion, Beauty, Culture, Lifestyle… by María José Rasero

El sueño de ser periodista

Los días 7 y 8 de noviembre se celebró en Barcelona el VII Congreso de Periodistas, con gran éxito de participación. Un encuentro que abordó los principales retos y transformaciones que afectan hoy a la profesión.

El congreso reunió a casi ochocientos profesionales de todo el país y contó con la participación de noventa y nueve ponentes nacionales e internacionales, entre ellos Jordi Kantor, periodista de The New York Times y Premio Pulitzer. El evento se consolidó así como uno de los principales puntos de encuentro del periodismo en España.

El encuentro culminó con la aprobación del nuevo Código Deontológico, una actualización necesaria que adapta los principios éticos del periodismo a los nuevos desafíos sociales y tecnológicos.

Cuando era muy pequeña y vivía en mi pueblo de Extremadura, soñaba con recorrer el mundo. Por entonces, mi padre había emigrado a Alemania, y a mí me parecía una aventura maravillosa. En realidad, no se había marchado para vivir una aventura, sino para trabajar. Aunque, con el tiempo, comprendí que tuvo la “suerte”, aun a costa del daño que causó a mi madre, de vivirla. Años después se lo reproché, aunque también lo entendí.

Recuerdo especialmente aquellas noches de verano en las que el calor sofocante nos impedía dormir. Salíamos a la puerta de casa y yo me tumbaba en la acera mirando las estrellas, mientras escuchaba la voz de mi madre decir: -Mira, Pepi, esa es la Osa Mayor… y, al lado, la Osa Menor.

Jamás logré identificarlas, pero ella las veía con claridad. A mí, en cambio, me molestaban las conversaciones que se cruzaban a mi alrededor. Quería silencio, para que nada interrumpiera mis pensamientos ni mis sueños. Una de esas noches entré en casa con el pretexto de estudiar, aunque lo que realmente deseaba era estar en silencio. Hojeé con desgana un libro de deberes y me detuve en las imágenes impresas en sus páginas. Y entonces lo vi: la silueta de un caballito de mar. Me fascinó. No podía comprender cómo un caballo podía nadar. Para mí, que solo conocía los caballos, los burros, los cerdos, las gallinas y los conejos, aquel descubrimiento fue una revelación. Existían otros mundos, en otras tierras, donde se podían vivir miles de aventuras.En aquel momento, las únicas aventuras que conocía eran las de los cuentos de príncipes y princesas que leía. Era tan pequeña…

Pocos días después, en la escuela, la profesora nos propuso jugar a hacer una rueda de prensa. No sabíamos qué era. Nos explicó el procedimiento y lo pusimos en práctica. Para mí fue un descubrimiento. Desde ese mismo instante supe cuál sería mi profesión ideal: ser periodista. A partir de aquel día, miraba el horizonte y pensaba que, más allá de las dehesas extremeñas con sus toros, cerdos y olivos, debía de existir ese mundo al que yo quería pertenecer. Pasó el tiempo y emigramos a Barcelona. Con ello se acabaron el romanticismo y las noches de sueños bajo las estrellas.

Fueron años complicados, que darían para varios libros. Pero, casi sin saber cómo, empecé a hacer reportajes con un grupo de amigos, y sin darme cuenta me vi trabajando en una redacción. Así, poco a poco, fui cumpliendo mi sueño. Desde entonces no ha habido un solo día en que no dé gracias por haber podido ejercer una de las profesiones más bonitas del mundo. Viví una época en la que el respeto hacia el periodismo era profundo, y quienes lo ejercíamos estábamos dispuestos a grandes renuncias en nuestra vida privada. Eran jornadas largas, con sucesos imprevistos que impedían tener una vida “normal”, con horarios y compromisos puntuales. Pero valía la pena. Todos sentíamos que hacíamos algo bueno y útil para la sociedad. Informar con verdad y objetividad -a través de las palabras o de las imágenes- nos hacía sentir útiles.

Sin embargo, el tiempo, que todo lo transforma, ha convertido esta profesión en un sucedáneo de lo que debería ser. El poder, el dinero, los intereses políticos y sociales, y ahora la inteligencia artificial, han cambiado la manera de ejercer un oficio en el que, hasta hace poco, dos más dos siempre habían sido cuatro.

Vivimos en un mundo donde manda lo efímero y lo rápido. La gente apenas lee; como mucho, el titular y el subtítulo. Las noticias más importantes -las que realmente afectan nuestro futuro económico, social o político- deben resumirse en un reel o en un vídeo corto para YouTube, porque la atención dura pocos segundos.

Y, sin embargo, el periodismo debería seguir sustentándose en las mismas siete preguntas fundamentales: Qué, quién, cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué. Siete preguntas sencillas, pero hoy, más que nunca, llenas de “trampas”

El qué. El “qué” debería describir el hecho. Pero muchas veces no interesa que se sepa exactamente lo que ha pasado. Así, un accidente o un asesinato puede presentarse de forma confusa para proteger a determinadas personas. Al final, se publica que “se mató solo”, aunque haya sido cosido a puñaladas. Cosas que pasan.

El quién. Si el implicado tiene relevancia política o social, el “quién” se convierte en tabú. A veces, se señala a otro o se borra el nombre para proteger al verdadero responsable.

El cómo. Depende del forense, del juez o de quién controle la “historia”. Si hay que proteger al implicado, se buscan explicaciones técnicas o absurdas que desvíen la atención. Todo depende.

El cuándo. El “cuándo” también puede manipularse. Según el contexto político o mediático, puede convenir mover el día o la hora del suceso, especialmente si en ese momento hay otro acontecimiento que se quiere tapar o aprovechar.

El dónde. “¿Dónde ocurrió?” A veces, se evita precisar el lugar para no asociar el hecho a una institución, una empresa o una zona sensible. “Habrá sido donde se tercie”, dirán.

El por qué. Responder al “por qué” implica buscar causas, responsabilidades, y eso puede molestar. Así que se simplifica: “pasó porque tenía que pasar”.

El para qué. Solo queda la resignación: “¿Para qué buscarle sentido? Las cosas pasan.”Pero el periodismo no debería rendirse ante la casualidad.

Y así, cuando uno intenta escribir un reportaje, se encuentra con que no tiene toda la información. En temas políticos o económicos, la censura queda disimulada no siempre es explícita: los medios dependen de la economía, y la gente ya no compra papel. Los anuncios digitales no sostienen a las redacciones, y los grupos editoriales recurren y aceptan importantes subvenciones. Pero quien paga, manda. Y claro, no muerdes la mano que te da de comer. Así que adiós a la objetividad.

Aun así, el periodismo sigue siendo una profesión maravillosa. Soñamos con cambiar el mundo mostrando la verdad, desnudando a los poderosos y revelando sus grandezas y miserias… Ese es el ideal… de algunos

Pero mientras los grupos editoriales acepten dinero de aquellos sobre los que debemos informar, la independencia será solo una ilusión.

Los periodistas de investigación lo saben bien: muchos se han topado con el dueño del medio, que en lugar de publicar una información comprometedora, la guarda para cambiarla por favores o prebendas. En otras épocas, los lectores compraban periódicos y se podía ofrecer información contrastada y veraz. Hoy solo se ofrece una copia degradada de lo que alguna vez fue el periodismo.

Y en las redacciones, la situación tampoco mejora. Para ahorrar, los medios trabajan con estudiantes de periodismo, a veces recién iniciada la carrera, y los envían a cubrir noticias sin experiencia ni formación suficiente, a la mayoría lo único que les interesa es hacerle el selfie con el personaje o en el photocall del evento. Luego, cuando regresan, sus textos se publican con apenas una revisión. Las prisas por parecer el primero en internet hacen el resto: errores, titulares sensacionalistas y desinformación. Pero cuesta menos y en consecuencia se pierde la calidad, y con ella, la credibilidad.

Antes existía la figura del becario: aprendías cobrando poco, pero aprendías. Hoy, en cambio, muchos se acercan a las redacciones dispuestos a trabajar gratis, y esto erosiona la profesión. La consecuencia es clara: cuando los medios necesitan cubrir una plaza, rara vez buscan profesionales con experiencia, porque estos exigirían condiciones laborales dignas; prefieren perfiles jóvenes que acepten cualquier cosa.

Pero detrás de esta dinámica hay otra razón que explica por qué tantos jóvenes aceptan trabajar sin remuneración: su objetivo no es ejercer el periodismo, sino convertirse en famosos como influencers. Para ellos, «estar» en un medio es un vehículo que les permite promocionarse más rápido en esa “profesión”, sin importarle demasiado la formación y nada la ética periodística.

Mientras tanto, los auténticos profesionales se ven obligados a competir con quienes pululan por las redacciones no presumiendo de talento sino de apariencia.

¿La fotografía? ¡Madre mía! Hablar de fotografía hoy es recordar aquellos tiempos en los que una imagen hablaba por sí sola, sin necesidad de pie de foto. Hoy, ese valor parece haberse perdido. En muchas redacciones, los fotógrafos han sido sustituidos: se obliga a los redactores a tomar las imágenes con el móvil. Lo aceptan, no de buen grado, pero ante la amenaza de perder el trabajo -porque siempre habrá otro dispuesto a hacerlo-, no queda otra opción.

También están los gabinetes de comunicación, que contratan a un fotógrafo, distribuyen las mismas imágenes a todos los medios y estos las publican sin más. El fotoperiodismo ha quedado relegado a un mero adorno, a llenar las páginas con estampitas. Y sobre las guerras… por favor, no publiquemos fotos, que “hacen daño a la vista”.  Y es que lo  que no se ve ¿no existe? Mejor echar mano de la imaginación.

¿Qué podemos hacer? Seguir soñando. Seguir creyendo que el periodismo puede -y debe- servir para contar la verdad. Aunque a veces parezca imposible, el periodismo responde a la vocación de informar y la honestidad  debería seguir siendo la única finalidad del periodista…. Bueno si no trabajas en algunos programas de televisión pero eso lo dejamos para otro día, porque por salir o mantenerse en la pequeña pantalla muchos «matarían» y algunas mujeres…   Fotos MJR

 

 

 

Visitas: 11

Maria José Rasero periodista
Web |  + posts

El Cajón de Lady Pepa, es un espacio donde caben noticias de cualquier ámbito. En está página hablaré de temas que para mi sean interesantes al margen de si son o no actualidad. Es mi espacio, y quiero que sea un reflejo de lo que me apasiona, de lo que me molesta y lo que me sorprende. Me interesa la moda, me gustan los viajes, pero sobre todo admiro a las personas que con sus ideas e iniciativas ayudan a crear un mundo mejor.