21 de octubre de 2026

El cajón de Lady Pepa

Travel, Fashion, Beauty, Culture, Lifestyle… by María José Rasero

Para vosotros… seres «superiores»

Este librito que me has dejado está lleno de experiencias interesantes con moraleja. Supongo que también lo habrás leído.

Por si sientes curiosidad, el relato que más me ha gustado ha sido el de Ignacio, el niño que robó en el estanco y tuvo el valor de pedir perdón. Yo también, como la estanquera, quiero tener esperanza y pensar que el género humano tiene remedio, sobre todo aquellos que frecuentan la iglesia y se pasan la «vida» rezando… ¡Y de qué poco les sirve!

Espero y deseo conocer a gente así (más de la que ya conozco), que valga la pena mirar a los ojos porque ahí vas a encontrar comprensión, amor y sinceridad. No seres sin corazón que solo saben juzgar y valorar sus pertenencias, su situación o sus vivencias. Que mienten, humillan e intentan hacer pequeños a los que tienen alrededor porque, desde su estrechez de mente, no permiten que los demás sean libres cuando ellos han elegido —y digo han elegido, porque hay formas de vida que las elegimos— no serlo.

La libertad tiene que ver con el amor porque, cuando alguien ama, no pone puertas con candados, sino que las deja abiertas. No reprime la libertad del prójimo, sino que lo anima a ser feliz. No intenta tener a los demás debajo de sus faldas ni pretende que hagan lo que ellos consideran que es lo correcto. Les dejan crecer y volar, e incluso les empujan a hacerlo… Eso es amar.

Insisto, a la gente, cuando se la ama, no se la reprime ni se la condiciona con la amenaza velada de «si no haces lo que nosotros queremos, no te vamos a querer, no vamos a aceptar lo que tú has elegido, lo que tú quieres hacer con tu vida…».

Ese «amor» egoísta, en el que el apoyo y el cariño no se dan de forma gratuita, sino como recompensa por obedecer, condiciona la vida de las personas que, emocionalmente, por ser miembros de nuestras familias o amigas, están en una etapa de transformación. Produce una gran pena porque les  impide  ser libres, pasados los momentos de duelo en los que necesitan amor desinteresado y un entorno que las impulse a luchar, a crecer y a volar. Sin embargo, hay quienes utilizan la manipulación para tenerlas bajo su «protección», una protección mal entendida que, en la mayoría de los casos, puede convertirse en una cárcel para quienes están intentando dejar atrás una etapa de su vida.

Quiero creer, y sé que existen personas, más de las que parece (algunas de ellas tengo la suerte de tenerlas a mi alrededor), que afortunadamente valoran al ser humano tal como es y que no se ponen en su contra por no ser como ellas. Eso es de mezquinos y demuestra una falta absoluta de empatía.

Pasar página, volver a empezar, no importa la edad, pero, sobre todo, ser feliz sacando de tu vida a esos seres sin corazón que Dios te ha puesto en el camino para aprender. Y tener siempre presente que nadie puede creerse superior a los demás ni menospreciar su valor. Unos comportamientos que, estoy seguro, Jesús aconsejaría evitar.

 

 

 

 

 

 

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