13 de febrero de 2026

El cajón de Lady Pepa

Travel, Fashion, Beauty, Culture, Lifestyle… by María José Rasero

Sobre perder…

A veces perdemos cosas. A veces perdemos personas. A veces perdemos cosas que tienen que ver con personas. Y personas que tienen que ver con cosas…

Cuando perdemos tenemos que demostrar que somos valientes y tan maduros que aparentamos que lo hemos entendido, que lo hemos aceptado y que no nos importa, porque asumimos las lecciones que nos da la vida… pero es mentira, porque por dentro estamos hechos polvo y, sin embargo, salimos al mundo dando lecciones y diciendo, cuando alguien está triste o nos explica un problema: “Pero bueno, no pasa nada, es la vida y tenemos que aceptar lo que nos depara…”. Pero es mentira: nosotros somos los primeros que por dentro estamos rotos.

Aprendemos a ser buenos actores, buenas actrices, a sonreír para que parezca que nada nos afecta, que nada nos causa dolor, que nada nos va a derrumbar… Y se puede conseguir.

Todos sabemos lo que es perder a un ser querido. Cada uno de nosotros lo afrontamos de diferente manera; todas pueden ser buenas si nos sirven de algo, pero lo que no puede ser bueno, de ninguna de las maneras, es cuando el dolor nos hace perder de vista la vida y empezamos a movernos como autómatas dejando pasar el tiempo. Porque, ¿para qué deambular por este mundo si Dios nos ha quitado lo que queríamos o a quien queríamos…?

«Todo se acabó cuando él murió”. Una frase llena de sentimiento que me dijo ayer una persona no demasiado mayor que conocí casualmente y que está afectada por el síndrome de Diógenes. No vive en la extrema pobreza; tiene recursos suficientes, para vivir bien, diría que muy bien. Tiene sentido del humor, una cierta cultura, no aparenta estar deprimida… aparenta… Porque emocionalmente está fatal. Es consciente de su problema, porque tiene cosas que reparar en casa y no las repara para que no entre nadie y “las vecinas no la critiquen”.

¿En qué momento comenzó a acumular cosas? Yo creo que en sustitución de la persona que más quería. En poco tiempo murieron varios miembros de su familia, pero sobre todo su marido, que la adoraba…

¿Cómo hacerle entender que vivir en condiciones de insalubridad, teniendo medios para vivir muy bien, no es bueno para ella, ya que le afecta a su salud física y mental?

 Se resiste a cambiar. No ve que tenga ningún problema por tener “tantas cosas”; a ella le parecen bien. Y así ayudarla se convierte en una misión imposible.

Y en estos días en que se celebra el día de los enamorados hay personas que viven la fecha (aunque objetivamente sea comercial) como un gran drama, Siguen enamorados de quienes fueron sus parejas y se niegan a comenzar de nuevo. Se niegan a reconocer que pueden despertar pasión en otras personas, que ellos mismos pueden volver a amar. Algunos no quieren y, cuando empiezan a sentir algo por alguien, se niegan esa posibilidad y apartan a esa persona de su vida. Creen que no deben amar de nuevo; se niegan a aceptarlo y reconocerlo. No quieren tomar contacto con sus emociones porque para ellos es como traicionar a quien perdieron. Algunos porque antes de fallecer le prometieron a su esposa o esposo que jamás estarían con nadie más.

Pero si la persona que perdieron los amó de verdad, querría verlos  felices de nuevo, no importa con quién, pero felices… Porque si no fuera así es que no lo amaron lo suficiente.

Salir de ahí es difícil, especialmente cuando la familia o su entorno no les apoyan y no les ayudan a salir de ese círculo vicioso donde están instalados; pero ni la familia ni los amigos hacen siempre lo que deberían.

Quisiera poder ayudar.

Quisiera hacerle entender a esta mujer que porque viva entre basura su amor no va a volver. Quisiera ayudar también a otras personas, pero no siempre se puede. Son adultas y cuando lo intentas lo viven como una intromisión en su intimidad. Quizás tengan razón. Pero eso no significa que su actitud sea sana, que sea buena la manera que tienen de afrontar la pérdida.

Quizás el orgullo haga que pierdan posibilidades que les podrían hacer tan felices o incluso más felices aún. Porque no nos engañemos: cuando perdemos a alguien lo convertimos en un dios y perdemos la objetividad de cómo era realmente nuestra relación. El orgullo, nuestros propios complejos, nuestras carencias, a veces incluso el miedo a no estar a la altura, los mantiene en su madriguera, protegidos por su manada. Y muchos se quedan ahí para siempre… hasta que más tarde se dan cuenta de lo que no supieron apreciar y de que eso no volverá. Fotos: MJR

 

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Maria José Rasero periodista
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