Los cuatro astronautas del programa espacial Artemis II, Víctor Glover (49), Christina Koch (47), el comandante Reid Wiseman (50) y Jeremy Hansen (50), de la Agencia Espacial de Canadá, “ya están aquí” después de completar una misión histórica que los ha llevado a “ver” la cara oculta de la Luna.
La misión ha durado aproximadamente diez días y ha sido la primera en orbitar la Luna en más de 50 años, regresando a la Tierra con un amerizaje sin problemas frente a las costas de California.
La inversión ha sido estratosférica, una cantidad descomunal solo en la nave… En la NASA están contentos porque, una vez más, el hombre ha sido capaz de demostrar de lo que es capaz… (hace tiempo que lo demuestra, para lo bueno y para lo malo).

Bueno, al hombre le gusta conquistar espacios. Tanto dentro como fuera de la Tierra. Le gusta sentirse poderoso, profanando el universo o cualquier otra cosa, y sin embargo no es capaz de invertir todo ese montante en los seres humanos, en convertir la Tierra en el planeta de la paz. No sé si en el universo existe otro habitado; lo cierto es que en el que vivimos nos lo estamos cargando, y aun así queremos tener parcelas en el cosmos.
¿Para qué se necesita colonizar la Luna? Fácil… Para que sea la primera estación de tránsito desde donde se podrán realizar misiones hacia otros planetas y explorar el espacio profundo. Aunque hay otros motivos, como preservar la supervivencia de la humanidad a largo plazo (no sé qué tendrá que decir Dios sobre esto), realizar exploraciones científicas o montar una “estación turística” para cuatro multimillonarios que se lo puedan permitir.
Pero no es la primera vez que una nave espacial se aproxima a la Luna…
Fue en el verano de 1969 cuando dos seres humanos, los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin, pisaron por primera vez la Luna en un vuelo tripulado del programa Apolo de la NASA. Fue con el Apolo 11, mientras Michael Collins permanecía solo a bordo del módulo de mando Columbia. Pero no han sido los únicos, aunque sí los más famosos, porque desde entonces doce hombres han pisado el satélite en seis ocasiones distintas, el último Eugene Cernan con el Apolo 17.
Me costaba creerlo. Era muy, muy pequeña y, sentada delante del televisor pensaba que no podía ser que esos señores estuvieran allí. La Luna siempre me había parecido que estaba demasiado lejos, y ese día… ese día, mirando la pantalla del televisor en blanco y negro (que era la joya de la familia), pensaba que esos hombres estaban profanando el escenario mágico que guardaba los secretos de tantas personas que habían depositado, bajo su luz tenue y plateada, en momentos de aflicción, sus más íntimos secretos de amor.
Ese amor eterno que refleja la pasión y la melancolía.
Para mí, el satélite tenía que ver con mi infancia en Extremadura, con mis sueños, con esas historias que quería vivir cuando pasaba la mayoría de las noches de verano tirada en la acera, contemplando las estrellas, y en el centro aquella esfera brillante y cambiante de forma, algo que yo no entendía muy bien…

Y tampoco cuando mi madre, enfadada, me decía: “Niña, no seas lunática…”. Yo pensaba que me estaba diciendo algo bonito (más tarde me enteré de que no era exactamente un piropo), porque lo relacionaba con ese astro que, quieto en el firmamento, miraban entre suspiros los protagonistas de las historias de amor que yo leía por entonces…
Veía la escena como si la tuviera delante: un galán o una princesa apoyados en el resquicio de uno de los ventanales de un castillo de fantasía que, nostálgicos, miraban a la Luna y le pedían que se hicieran realidad sus sueños de amor, a veces imposibles… porque es en la noche, y mirando el cielo estrellado, donde los sentimientos están más a flor de piel.
La Luna… Sí, es “solo” un satélite, el satélite de la Tierra, pero también un símbolo asociado al romanticismo que ha inspirado a infinidad de poetas, escritores, matemáticos, filósofos… Convertida en su musa. Una musa que se ha movido entre la magia, la oscuridad, la inspiración, el misterio, la pasión… y también ha aparecido convertida en la madre, el hogar, la patria, el poder…
«En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y dé vuelo a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna.» (Gustavo Adolfo Bécquer)
Así que la carrera por colonizar la Luna (Estados Unidos se considera generalmente el ganador de la “carrera espacial”) se mueve a contrarreloj entre varias naciones que compiten por “parcelas” de su propiedad (aunque el universo, afortunadamente, todavía no está compartimentado). Será de aquellos que se hayan instalado primero, como en aquellas películas del lejano oeste como “La caravana de Oregón”, donde un grupo de pioneros al llegar a tierras fértiles competían por apoderarse del lugar más bello donde instalar su hogar.
La carrera espacial comenzó sobre 1950 y, desde entonces, ningún ser humano ha pisado ningún otro planeta, aunque sí se han orbitado y enviado sondas y robots. De hecho, se han explorado casi todos los planetas principales. Foto: MJR
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