Me encanta el “morro” que tienen algunas y algunos. Hasta hace bien poco, cuando Julio Iglesias hablaba con ciertas periodistas, estas se sentían tan honradas que se les caía (como se dice vulgarmente) la baba, y a otras directamente las bragas o los calzoncillos.
Todos, estaban encantados de que un personaje de la talla internacional de Julio Iglesias les atendiera, o lo que se terciara. Entonces no parecía tan grave que Julio fuera un poco “cariñoso”, y ahora resulta que a todas les molestaba y se sienten violentadas. La mayoría son casi de su edad, así que han tenido años para responderle con una bofetada, ¿no?
La cuestión es que hay unas “señoras”, ex empleadas suyas, que lo acusan supuestamente de haber sufrido agresiones sexuales, acoso y abuso de poder mientras desempeñaban su trabajo en las casas del cantante en República Dominicana y Bahamas, en 2021, en plena pandemia. ¿En 2021? ¿Y en estos cuatro años no había ningún juzgado en el Caribe donde denunciar?
Según estas mujeres, alguien les aconsejó ponerse en contacto con Women’s Link Worldwide, una organización feminista, para que las asesorara legalmente. En paralelo, se llevaba a cabo una “investigación” por parte de dos grupos editoriales, encargados de publicitar el caso. De momento, el asunto está en manos de la justicia.
Vaya por delante que siempre me posicionaré con las víctimas de cualquier tipo, pero cuando lo demuestren. Hasta entonces, me acojo a la presunción de inocencia de cualquier persona, sea famosa o anónima.
No me gustaría que Julio Iglesias se hubiera comportado como un “truhán” en vez de como un “señor”, pero tampoco que se crucifique a nadie sin disponer de pruebas. La buena reputación es algo que se construye durante años y se puede perder en unas horas. Si ha de perderse, que sea por la verdad.
Hasta ahora, cuando se acusaba a alguien de hechos tan graves, estos debían estar sustentados por pruebas contrastadas. Hoy parece que no. Primero se acusa, se crucifica y después… Esto no es lo que yo tenía entendido por ética periodística.

Dada su fama de “seductor”, algunos de sus enemigos están encantados de cargárselo. No hay nada que guste tanto a muchos medios como abrir con un titular que anuncie una supuesta fechoría sexual de un famoso. Si además es de la talla de Julio Iglesias y de derechas, mejor que mejor.
¿Es verdad todo lo que se dice? Yo lo pongo en cuarentena. Es como el caso de Rocío Carrasco: vivimos una película (que perfectamente podría haber ganado un Goya, por lo bien estructurada que estaba y por los apoyos con que contó) pero que no se ha sostenido con el tiempo, porque es precisamente el tiempo el que pone a cada uno en su lugar. La verdad siempre sale a la luz, aunque a destiempo para quien sufre las calumnias.
Julio, con 82 años, ya ha perdido, porque socialmente está condenado antes de que se comprueben los hechos. Siempre quedará en su currículum esa nebulosa pegada a su perfil de brillante cantante internacional por algo que supuestamente no hizo (¿o hizo?), pero que muchos prefieren atribuirle.
El cantante ha roto su silencio y se ha defendido de las acusaciones de dos ex trabajadoras. Ha enviado un comunicado a través de Instagram en el que asegura que las acusaciones son “totalmente falsas”. Afirma: “Nunca había sentido tanta maldad, pero aún me quedan fuerzas para que la gente conozca toda la verdad y defender mi dignidad ante un agravio tan grave”.
El Gobierno, sin esperar los resultados de la investigación, ya se plantea retirarle todos los reconocimientos que en su día le concedió. Demasiada prisa, ¿no?
Los abogados de Julio Iglesias han solicitado el archivo de la investigación por “ausencia de jurisdicción de los tribunales españoles y, en consecuencia, falta de competencia de la Fiscalía de la Audiencia Nacional”, además de que las presuntas víctimas no son españolas ni han residido nunca en España.
Todo es extraño y pinta mal.
Visitas: 7
El Cajón de Lady Pepa, es un espacio donde caben noticias de cualquier ámbito. En está página hablaré de temas que para mi sean interesantes al margen de si son o no actualidad. Es mi espacio, y quiero que sea un reflejo de lo que me apasiona, de lo que me molesta y lo que me sorprende. Me interesa la moda, me gustan los viajes, pero sobre todo admiro a las personas que con sus ideas e iniciativas ayudan a crear un mundo mejor.




Más historias
La reputación
Rocio Flores o la resiliencia
María Corina, tan buena, tan buena, que se queda sin medalla de Nobel